OPINIÓN

17 de agosto de 2014

El reino de Colombí

Aceptado y despreciado, detestado a veces por su inteligencia pero admirado por su contracción al trabajo (político), “Colombí” atraviesa momentos soñados en su relación con la presidenta Cristina, aunque ella mal acentúe su apellido. Aquí su historia y un perfil de su satrapía.

POR EDUARDO LEDESMA eledesma@ellitoral.com.ar @EOLedesma El chascarrillo en clave de denuncia de Ricardo Colombi, que aprovechó la cadena nacional del jueves para hacer saber en el país que San Lorenzo “pagó” al árbitro para salir campeón de la Libertadores (y que algunos ni siquiera vieron, hasta que lo leyeron en El Litoral), no deja de ser un indicativo de los tiempos, siempre cambiantes en las playas del colombismo y, también, claro, del kirchnerismo. La relación amor-odio de Ricardo y Kirchner primero y Cristina ahora, además de aportar capítulos a la novela donde se dirime el poder, comprometen futuro, desmienten anuncios, concretan extorsiones y multiplican todo tipo de entregas. También tiene beneficios que coexisten en una feroz trama de intereses. El gobierno de la Nación era de lo peor hasta que se refinanciaron las deudas de la provincia. Ni hablar ahora que además de ciertos millones para obras viales, en Salta y Mayo recibirían otros tantos fajos para la construcción de viviendas. No es un dato menor, pues de ese modo Ricardo podría hacer trabajar a unos cuantos funcionarios, que además son sus amigos y que como tales vegetan en el Invico (donde hubo poco que hacer en los tres últimos lustros). Y también a los amigos de las empresas constructoras, pues según se anunció, la plata la manejarán las provincias. Más que bueno. Tan generosos están en Balcarce 50 que Ricardo es capaz de devolverle gentilezas. Acostumbrado a viajar (generalmente por el interior) esta semana Colombi se convirtió poco menos que en una sombra presidencial. Fue a Paraguay con CFK el miércoles a devolver muebles del mariscal López y luego, al otro día, compartió con ella los anuncios del relanzamiento de un ambicioso plan federal de viviendas. Tanto tiempo junto a Ella hizo que El se interesara por ciertos pasatiempos de la señora. Cristina no se cansa de batallar contra los medios hegemónicos y últimamente a Ricardo le anda dando vueltas la idea de que la culpa de todo lo tiene la prensa, que en Corrientes no es hegemónica pese a que sus dueños, podría decirse, toman café en el mismo bar. Son los periodistas, al parecer, responsables de la inseguridad; de la falta de energía; del déficit habitacional; de la caída del techo en las escuelas; de la falta de agua en esas mismas escuelas; de que no se habiliten edificios inaugurados; del incumplimiento de los plazos de las obras, por caso en el aeropuerto; del estancamiento laboral; de que Coca Cola se tome una Pepsi antes de empezar a levantar la planta embotelladora que con tanta pompa se anunció para desarrollar en Perichón; y hasta de las lluvias que generaron las últimas inundaciones. Práctica habitual en Colombi suele ser aquello de querer correr al periodismo con la vaina. “Tienen  que salir a recorrer la provincia. No todo está en las pocas manzanas que ustedes caminan”, suele prepotear. Tampoco la provincia es la Capital y eso hay que concederle. Pero para los Colombi, desde que gobiernan, la ciudad nodriza es poco menos que un patio trasero. No obstante esto, tal vez tenga razón el Ricardo de ahora y siempre: habría que ver el interior. Allí las cosas no pueden más de fenomenales. En el Iberá, donde anida un potencial turístico internacional, quedan varados los turistas por el mal estado de los caminos. De Paso de la Patria se fueron el verano pasado por falta de luz: los turistas y también algunos comerciantes. En muchos otros lugares no pueden quedarse por falta de infraestructura, más allá del entusiasmo con el que se cuentan los miles y miles de autos y personas que pasan o pernoctan en ciertas ocasiones. En total, todo junto y al mismo tiempo, Corrientes solo puede alquilar unas 15 mil camas. Esa es su capacidad de alojamiento según el último informe de la Dirección de Turismo publicado en octubre de 2013, cuando todavía no era ministerio. En San Miguel, poco más del 20% de los chicos que van a la primaria repiten de grado. En Empedrado, más del 15% repite en secundaria. Para aplaudir. Sauce es una belleza. Según datos de 2012, más del 63% de los pibes cursa la secundaria con sobreedad. En Goya, donde perdió su candidato, sobran crisis institucionales y políticas. En Mercedes, casa natal de Ricardito, donde le dicen “Lalaca”, también perdió su candidato, y desde entonces amenaza con echar al intendente. En Capital niega las pocas posibilidades de crecimiento que se ofrecen. Santa Catalina por ejemplo. Rara casualidad. En Capital también perdió su candidato.  Ni hablar del manejo de los fondos, por caso los de coparticipación, que ahora mantienen dividida la opinión política y ocupada a la Justicia, como si no tuviera trabajo más productivo que hacer. Tal vez por ese horizonte que ofrece la provincia, haya tantos (más de 10 mil) estudiantes de abogacía y tan pocos (no llegan a 200) estudiantes de administración de empresas agropecuarias, que es donde se desarrolla el trabajo más fuerte de esta satrapía, cuando no se trata del Estado. De hecho, esta sigue siendo una provincia cerealera, forestal y ganadera, productora de servicios más que de bienes, que además, son sólo primarios. Es para enfermarse. Por eso mismo, quizás, haya más médicos (6.200 aproximadamente) que enfermeros (4.700), pero pocos quieran ir a los hospitales por la miserabilidad de los salarios. Una malaria. No obstante -para seguir el hilo de esta inspiración-, la tendencia de la pobreza se mantuvo oscilante en los últimos años, desde 2011, pero duplicando la media nacional...   Cosas que matan No hace mucho, El Litoral publicó un informe oficial, emanado de la propia dirección de Vialidad, que confirmaba que en el año 1983 había más rutas asfaltadas en la provincia que en la actualidad. “Corrientes cuenta hoy con más de 12 mil kilómetros de rutas provinciales, de las cuales sólo poco más del 6% se encuentra pavimentada. De hecho, más del 60% de la red es de tierra”, decía el informe. Tales datos brindaron un argumento sólido a las palabras del gobernador Colombi ofrecidas en la apertura de las sesiones ordinarias de la Legislatura provincial, en marzo pasado, donde manifestó su objetivo de revertir el “déficit de conectividad que tiene Corrientes”. De todos modos, el reconocimiento de la situación por parte del mandatario, no lo enajena de responsabilidades, sobre todo teniendo en cuenta que la administración actual, aún con sus bemoles, viene gobernando Corrientes desde la crisis de 2001. Del 83 a la fecha pasaron 30 años. Los Colombi y en particular este, Ricardo, gobierna desde hace casi la mitad de ese tiempo. Pero volviendo a la época del retorno democrático, hay más todavía. Desde 1980 y hasta el 2000, la tasa de crecimiento demográfico era el doble a la que se registró en 2010. En 1980, del total de población “nacida en Corrientes”, solo el 56,2% vivía en Corrientes. Ahora mejoró el asunto: vive en Corrientes el 66,4% de los que nacen, que son cada vez menos. Los números mejoran. Lo que no mejora al parecer es la vida. No aparecen las oportunidades que, por escasas, empujan al “exilio” a casi la mitad de los correntinos. “Tanta soledad, tanta falta, tanta lejanía/ Tanto no poder, tanta nada, tanta despedida”, diría Teresa Parodi.  ¿De quién será la culpa de todo esto? Tal vez no haya culpables o los haya a raudales. El periodismo tendrá también sus culpas, por supuesto. La primera es no ver la cantidad de obras y gestiones que se hacen desde el Gobierno pese a que no impactan, a la vista de los medios, según cree Colombi, en los hechos que se narran a diario. Sólo se ven las muertes y catástrofes y hechos de inseguridad, que son sólo una sensación, dicen. Colombi sabe que no es así. En Corrientes se cometen en promedio, 25 mil delitos anuales, constantes desde 2006. Tal vez haya ido en aumento, por eso la Jefatura de Policía escondió sus estadísticas desde 2011 en adelante. De esos 25 mil delitos anuales, más de 15 mil, en promedio, son delitos a la propiedad. Una “sensación” que no se calma ni gritando en los actos frente a los cabos recién recibidos, ni con patrulleros y chalecos. Se calmará seguramente trabajando. Previniendo el delito, pero más aún, tratando de integrar a la sociedad que se muestra desde hace tiempo resquebrajada. La manía escondedora, como en el Indec, o, cuanto menos, la de no llamar a las cosas por su nombre, tiene sus consecuencias. Lo raro es que hasta en esto Colombi se queja de lo que él mismo hace. Tiene la costumbre, por ejemplo, de cambiar o confundir, jocosa pero sarcásticamente, el nombre de las personas. Lo toma como una especie de juego cuyo chiste consiste en quitarle al otro la dignidad de su propio nombre. Su nueva “amiga” de estas horas, Cristina Fernández de Kirchner, tal vez sin conocer esta faceta del bueno de Ricardo, le dio de tomar de su propia medicina. El jueves, por cadena nacional, lo ninguneó pronunciando mal su apellido. Ahora sabe lo que sintieron Fabián Ríos y Camau Espínola cuando les pasó lo mismo. Una pena para “Colombí”, con tilde en la i. No le sale una: lo mal-trata la presidenta y los medios no ven las glorias de su gobierno.   Fuente:www.ellitoral.com.ar

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