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EL TIEMPO EN LA CRUZ

OPINIÓN

17 de diciembre de 2023

Javier Milei, semana 1: el león ruge como un cangrejo

La realidad le golpeó la puerta. Al abrazo a los comunistas. Viejas banderas desteñidas. El anarcocapitalista que ama los impuestos. Empresarios al rescate.

Por Marcelo Falak

Al inicio de la era de Javier Milei, la pregunta caía de madura: ¿cuánto tiempo pasaría antes de que la realidad le golpeara la puerta de la Casa Rosada al tahúr dogmático que no había dejado apuesta a pleno por hacer durante la campaña electoral? La respuesta sorprende solamente por su contundencia: menos de una semana.

A siete días de la asunción del ultraderechista ya son varias las banderas que ha bajado, trocando un dogmatismo torpe por un pragmatismo que tampoco termina de salirle mal.

Excitado, se encargó en la noche del triunfo en el ballotage de llenar su jura de promesas de invitaciones a la ultraderecha más rancia del mundo. En efecto, vinieron el húngaro Víktor Orban, el español Santiago Abascal, el chileno José Antonio Kast y el brasileño Jair Bolsonaro. Eso, solo le generó costos.

El primero, frente a la Unión Europea (UE), a la que Milei sueña como socia de un salto comercial imposible. El segundo, ante Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, a quien el extremista llamó a sacar de La Moncloa colgado de los pies en una entrevista que concedió en Buenos Aires. El tercero pasó más bien desapercibido, pero el cuarto, por mera presencia, impidió la llegada de quien más importaba que estuviera: Luis Inácio Lula da Silva.

Para peor, en las entrevistas divinas que se había hecho realizar durante la campaña, había asegurado que no tendría relaciones como gente como Lula da Silva y Xi Jinping, "comunistas" ambos y el primero, encima "corrupto y ladrón". Una vez al frente de un país quebrado, sin embargo, trató de tender lazos con ambos.

A Brasilia mandó a su canciller, Diana Mondino, quien acertó al ratificar como embajador y restaurador en jefe a Daniel Scioli. Invitó a Lula da Silva a la asunción, pero lo hecho, hecho estaba y el brasileño prefirió esperar definiciones de fondo sobre el Mercosur antes de indultar al inexperimentado paleolibertario. No vino.

Mientras eso ocurría, el propio Milei viajó a Estados Unidos, donde, en lugar de buscar la foto con Donald Trump –otro al que había invitado a Buenos Aires–, se hizo sacar una foto con Bill Clinton, un hombre que hoy trabaja de abrir puertas en el establishment de su país y, sobre todo, en el partido Demócrata de Joe Biden. Quien supo rugir como león, pero retrocede como cangrejo ya no volvió a hacerse eco de las denuncias trumpistas, judicialmente ridiculizadas, sobre un supuesto fraude en las elecciones de 2020 en favor del anciano de Scranton, Pensilvania.

Otro problema: antes de tenderle un puente financiero hasta el abril salvador de los sojadólares, Biden quiere saber qué pasa con los flirteos ideológicos con Trump y con los pragmáticos con Xi. No hay paz.

Ese viaje iniciático a Estados Unidos fue una manifestación del prometido alineamiento del Presidente al "mundo libre"; un nuevo desdén a China. Sin embargo, el cúmulo de vencimientos de deuda de los próximos meses y el reconocimiento de las macanas dichas en la campaña lo llevó a recibir al enviado especial de China Wu Weihua, el embajador en Argentina Wang Wei y al jefe de América Latina de la Cancillería de Pekín Qiu Xiaoqi.

Audaz, el Gobierno les extendió una carta dirigida a Xi Jinping en la que, con tono amigable, le tiró de la manga de swap para activar otro tramo de U$S 5.000 millones. Mientras, el presidente chino calla; se ve que está pensando si, como contrapartida, le pide al presidente alineado con el "mundo libre" algún pedido de disculpas por los agravios recibidos, la humillación de un viaje a Pekín, la ratificación de la alianza estratégica, la revalidación de los acuerdos entre Estados firmados en el marco de la Franja y la Ruta y, acaso, una reconsideración de renunciar al ingreso al grupo BRICS. O un mix de todo.

Para peor, se cuenta que Mondino la pudrió en ese encuentro al hablar de "líneas rojas" que la Argentina no estaría dispuesta a cruzar en la relación bilateral, como la compra de armamento a China para las Fuerzas Armadas. La canciller, que expone su falta de experiencia en cada intervención, puede establecer las líneas rojas que quiera, pero lo que no puede, a la vez, es pedir plata prestada. No hay apuro: ya lo entenderá.

Si las maquinarias que funcionan más a pleno en el gobierno paleolibertario son las económicas y las represivas, y si su acción se reduce a la tríada ajuste-protesta-represión, cabe detenerse también en las reculadas en chancletas en materia económica.

La dolarización fue un ensueño que, tras el Caputazo el mercado ve tan lejano, que el propio jefe del Palacio de Hacienda debió salir a aclarar que no está olvidada como plan para algún momento. "Estamos apuntando a resolver la catástrofe heredada. El objetivo sigue siendo el mismo: llegar a una dolarizaciónEl Presidente no miente, me gustaría que quede claro, porque hay que tener un contrato de verdad con la gente", dijo en LN+, en curiosa defensa de la palabra de su superior, Toto Caputo.

Son raros los elogios que se dan y retribuyen los protagonistas del poder. A la aclaración del ministro de que el jefe de Estado no es un mentiroso, la oficina de este emitió un comunicado de respaldo al primero que sonó a la ratificación que los clubes hacen cuando un DT está en la cuerda floja.

Si la dolarización será cosa del futuro, lo que cayó definitivamente en el olvido es el cierre del Banco Central, cosa que, hasta hace cinco minutos, Milei no negociaba.

Pues bien, caído en desgracia el sepulturero Emilio Ocampo, su sucesor, el caputista Santiago Bausili aclaró que "mientras yo esté ahí, no se cierra".

Si el ajuste lo iba a pagar "la casta" o, como una leve corrección, "el Estado", al final lo paga la población.

El mismo recae sobre todo en el sector de menores ingresos y en la clase media. En este segundo segmento, uno de los aspectos centrales del Caputazo es el restablecimiento del impuesto a las Ganancias sobre los salarios, uno que el entonces diputado Milei había votado derogar y que el ahora presidente Milei promete restablecer.

Eso sí: el impuestazo –un robo de propiedad privada, habría dicho el Milei de hace tres semanas– será transitorio, esto es mientras dure la emergencia. ¿Pero no será que la emergencia tiene tránsito lento, dada la desmesura de un ajuste que exagera su monto para pagar deudas impagables, que se empecina en no afectar a la casta –¿podría plantearse de modo definitivo que el Poder Judicial asuma Ganancias?– y que ni se imagina tocar exenciones tributarias al sector empresarial que dan cuenta de más de 4 puntos porcentuales del PBI, casi todo lo que se pretende recortar?

Mientras, otro dogma austríaco –la libertad irrestricta del mercado y el imperio de los contratos firmados por partes que se fingen iguales– se expresa en la suela de remarcaciones de los últimos días, que están pasando la megasuba de 100% del dólar a precios a inquietante velocidad. El Círculo Rojo teme por las consecuencias sociales y políticas, en términos de gobernabilidad, de semejante despropósito, al punto que fueron los grandes frigoríficos y no el Gobierno los que propusieron la vigencia de una canasta de cortes a precios populares para las próximas fiestas. La realidad no deja de golpear la puerta de la Casa Rosada.

Sin embargo, Hayek, Menger y Von Mises insisten en susurrarle cosas al oído a Milei. La actual ley de alquileres, de efecto imposible en una economía con una inflación se se encamina a un 300% –JP Morgan prevé 60% solo entre diciembre y enero–, sería derogada, pero no se la reemplazaría con ninguna otra. ¿Primará al final cierto pragmatismo en este punto sensible que ahoga a una clase media que votó en buena medida a Milei?

Se verá. Fuentes allegadas a la Presidencia afirman que la tesis de doctorado de Milei, titulada "Rasgos esenciales de la Escuela Austríaca que la realidad económica desmiente", avanza a todo vapor.

Fuente: www.letrap.com.ar

 

 

 

 

 

 

 

 



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