NACIONALES
19 de febrero de 2026
El gigante avícola Granja Tres Arroyos al borde del abismo: importaciones y crisis ponen en riesgo 450 empleos

La empresa, que llegó a ser el mayor frigorífico del país, enfrenta una situación terminal por la "invasión" de pollo brasileño. Su dueño, Joaquín de Grazia, defendió fervientemente el modelo de Milei y la reforma laboral, pero ahora el mercado lo deja a las puertas de la quiebra.
La crisis industrial en Argentina ha llegado a un punto de no retorno para sectores que hasta hace meses se mostraban optimistas. Granja Tres Arroyos, el mayor procesador de pollos del país, atraviesa una tormenta financiera que amenaza con traducirse en el despido de 450 trabajadores en marzo.
La paradoja del dueño "libertario"
El caso de Joaquín de Grazia, dueño de la firma, es emblemático. El empresario fue uno de los defensores públicos de la reforma laboral y las políticas de Javier Milei. Sin embargo, la apertura indiscriminada de importaciones permitió que el pollo brasileño inundara las góndolas con un crecimiento del 300% en el último año, haciendo imposible la competencia para la producción local.
El drama en Entre Ríos y Buenos Aires La situación es especialmente crítica en Concepción del Uruguay, donde el frigorífico es el motor económico de la ciudad. De los 1.500 operarios que supo tener la industria aviar en la zona, hoy apenas quedan 700. A esto se suma la agonía de Cresta Roja (propiedad de la firma), cuya planta en Esteban Echeverría está al borde del cierre definitivo.
Factores de la caída:
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Importación descontrolada: 20 mil toneladas de pollo brasileño en 2025.
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Costos asfixiantes: Energía cara y costos internos dolarizados.
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Frenazo exportador: Restricciones sanitarias por gripe aviar que cerraron el mercado europeo.
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Incumplimientos: Denuncias de trabajadores que adhirieron a retiros voluntarios y aún no percibieron sus indemnizaciones.
Mientras el empleo formal se derrumba, los habitantes de las ciudades productoras ven con desconcierto cómo el pollo importado reemplaza al nacional, mientras las fábricas que les daban de comer bajan sus persianas.
