Lunes 28 de Septiembre de 2020

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CLIMA

12 de abril de 2016

Tras dos días sin lluvia, Esquina persiste en plena “catástrofe”

Diez días después de la primera precipitación que anegó por completo todos los barrios y zonas rurales, poco cambió en la sureña ciudad correntina. Aunque las últimas 24 horas fueron de “tregua”, la contingencia está todavía lejos de ser superada.

Es una ca­tás­tro­fe”, des­cri­bió el in­ten­den­te de Es­qui­na, Hum­ber­to “Pi­po” Bian­chi. Fue cer­ca de las 20, en la es­cue­la Nº620, don­de se al­ber­gan unas 200 per­so­nas y fun­cio­na co­mo cen­tro de eva­cua­dos y la “ba­se” pa­ra los ope­ra­ti­vos de asis­ten­cia.
Bian­chi ape­nas ter­mi­na­ba de lle­gar de un re­co­rri­do por Mal­vi­na, un pa­ra­je en la cuar­ta sec­ción ru­ral a la cual pu­die­ron ac­ce­der úni­ca­men­te vía aé­re­a, por me­dio de un he­li­cóp­te­ro del Ejér­ci­to Ar­gen­ti­no. Se le no­ta­ba el can­san­cio de los úl­ti­mos dí­as de in­ten­sa ta­re­a, pe­ro tam­bién un aplo­mo ca­rac­te­rís­ti­co de quien -­ de tan­to ver mi­se­ria -­ sa­be que hay que aten­der pri­me­ro lo ur­gen­te y que pa­ra eso, cuan­to me­nos pá­ni­co, tan­to me­jor.
Un ma­pa del de­par­ta­men­to so­bre el es­cri­to­rio de la di­rec­ción de la es­cue­la, con­ver­ti­do en des­pa­cho de co­or­di­na­ción de la con­tin­gen­cia, se­ña­la cla­ra­men­te las zo­nas de más ries­go.
“En Ma­le­zal la si­tua­ción no es tan crí­ti­ca co­mo en otras sec­cio­nes, por­que allí llo­vió la mi­tad. No obs­tan­te el pa­no­ra­ma tien­de a com­pli­car­se. Es­tán cre­cien­do los arro­yos, en es­pe­cial en Sa­ran­dí, y to­da esa ma­sa de agua se des­li­za ha­cia los pa­ra­jes y la ciu­dad de Es­qui­na. Ese cau­dal po­dría lle­gar has­ta la ciu­dad en una se­ma­na y las la­gu­nas si­guen en­ca­de­na­das”, ad­vir­tió.
Ca­da dí­a, ope­ra­ti­vos con Uni­mog del Ejér­ci­to, el he­li­cóp­te­ro que es­tá dis­po­ni­ble des­de el sá­ba­do y un equi­po de vo­lun­ta­rios que in­clu­yen per­so­nal de to­das las fuer­zas de se­gu­ri­dad, mé­di­cos y fun­cio­na­rios, arri­ba has­ta los pa­ra­jes ale­ja­dos con ví­ve­res y asis­ten­cia.
Con­for­ma­ron pa­ra eso “ba­ses ope­ra­ti­vas” en dis­tin­tas es­cue­las ru­ra­les, a las cua­les arri­ban los ví­ve­res, agua, ro­pa y me­di­ca­men­tos. Y des­de allí se pue­de “mo­ni­to­re­ar la evo­lu­ción de la inun­da­ción”, ex­pli­ca­ron.
“Las más com­pli­ca­das son la quin­ta sec­ción Cu­chi­llas y la zo­na del Guay­qui­ra­ró, ade­más de Pue­blo Li­ber­ta­dor, don­de to­da­vía hay mu­cha agua y per­so­nas afec­ta­das”, re­cor­dó el In­ten­den­te.

LAS DONACIONES SE MULTIPLICAN Y LLEGAN A LOS CENTROS DE EVACUADOS.

LAS DONACIONES SE MULTIPLICAN Y LLEGAN A LOS CENTROS DE EVACUADOS.


La prin­ci­pal di­fi­cul­tad es la in­tran­si­ta­bi­li­dad de los ca­mi­nos, en es­pe­cial la ru­ta 126 que co­mu­ni­ca a la quin­ta sec­ción. Allí per­ma­ne­cen ais­la­dos los po­bla­do­res, ya que el trán­si­to es prác­ti­ca­men­te im­po­si­ble.
“Lo que más ne­ce­si­ta­mos es po­der se­guir con­tan­do con el res­pal­do del Ejér­ci­to, pa­ra ac­ce­der a los lu­ga­res más dis­tan­tes y com­pli­ca­dos. De otro mo­do, al­can­zar esas zo­nas de­mo­ra­ría mu­chas ho­ras o se que­da­rí­an los ve­hí­cu­los. No hay ca­mi­nos en to­do el de­par­ta­men­to. A al­gu­nos po­bla­do­res los tra­ji­mos en trac­to­res has­ta la ciu­dad, pa­ra po­der co­brar sus suel­dos o asig­na­cio­nes”, apor­tó por su par­te Ju­lio “Vi­le” Bian­chi, es­tre­cho co­la­bo­ra­dor del Eje­cu­ti­vo y re­fe­ren­te del área de Sa­lud del Mu­ni­ci­pio.
“Qui­zás su­pe­ra­mos un mo­men­to muy crí­ti­co pe­ro si­gue sien­do una ca­tás­tro­fe. Hay gen­te que per­dió to­do, otra que si­gue con agua en las ca­sas, y los pro­nós­ti­cos cli­má­ti­cos no son alen­ta­do­res”, ad­vir­tie­ron.
En di­ciem­bre pa­sa­do, la ciu­dad fue azo­ta­da por un tor­na­do muy in­ten­so, que de­jó sin te­cho a un gran nú­me­ro de vi­vien­das y de­rrum­bó la ma­yo­ría de los ár­bo­les. En ese mo­men­to se ha­bía dic­ta­do la re­so­lu­ción de de­cla­rar la Emer­gen­cia so­cio­e­co­nó­mi­co, am­bien­tal y fi­nan­cie­ra de Es­qui­na.
Ayer, en una se­sión es­pe­cial del Con­ce­jo De­li­be­ran­te, se re­sol­vió pro­rro­gar la Emer­gen­cia, con la in­ten­ción de “ha­bi­li­tar he­rra­mien­tas pa­ra los pro­duc­to­res y co­mer­cian­tes, que en mu­chos ca­sos han si­do tam­bién muy per­ju­di­ca­dos. Al me­nos que ten­gan la po­si­bi­li­dad de con­se­guir pró­rro­gas en los cré­di­tos ban­ca­rios que al­gu­nos tie­nen ad­qui­ri­dos, y que aho­ra de­ben en­fren­tar en me­dio de la con­tin­gen­cia”, de­ter­mi­nó Bian­chi.
Mien­tras tan­to, si­guen en mar­cha las ini­cia­ti­vas so­li­da­rias, que bus­can acer­car las do­na­cio­nes de ali­men­tos, ro­pa, pa­ña­les y agua po­ta­ble pa­ra los cen­tros de eva­cua­dos.
“To­da­vía nos que­da mu­cho por de­lan­te, só­lo es­pe­ra­mos que sal­ga el sol por va­rios dí­as”, ex­pre­sa­ron los fun­cio­na­rios.

Lo que el agua se lle­vó
El mar­tes pa­sa­do, Ma­ría lle­gó con su es­po­so, sus cu­ña­dos y sus hi­ji­tos a la Es­cue­la 620. Des­de ha­ce una se­ma­na es­pe­ran que el agua ba­je pa­ra po­der acer­car­se a su ba­rrio, el Ita­tí. “Al me­nos los col­cho­nes no se mo­ja­ron, por­que pu­di­mos sa­lir rá­pi­do y al­zar las co­sas”, re­la­tó. Los ni­ños pa­se­a­ban por el au­la, con­ver­ti­da en dor­mi­to­rio com­par­ti­do con otra fa­mi­lia, en­tre ro­pa ten­di­da que se re­sis­te a se­car­se a pe­sar de los dí­as que pa­sa­ron des­de que fue­ron la­va­das.
Mien­tras, Ro­que acu­na a un be­bé ru­bi­cun­do y bien abri­ga­do en­tre sus bra­zos. Lo aca­ri­cia y lo ha­ce ju­gar. Su her­ma­ni­ta, de unos 6 años, mi­ra cu­rio­sa y con una ino­cen­cia que le qui­ta en par­te el ve­lo de dra­ma que tie­ne el cua­dro.
“No­so­tros sí per­di­mos to­do. To­do”, re­pi­te Ro­que. Su ca­sa en Bo­que­rón, a po­cas cua­dras de la ave­ni­da prin­ci­pal, es una de las que tu­vo agua más arri­ba de un me­tro.
“Fue de gol­pe, ca­yó un di­lu­vio que no dio tiem­po a na­da. Ni a su­bir los mue­bles. Los sa­qué a ellos, por su­pues­to, y al ra­to vol­ví. Ya ha­bía agua has­ta acá”, mues­tra se­ña­lan­do el pe­cho de­ba­jo de la gar­gan­ta.
No llo­ra pe­ro la an­gus­tia se le no­ta. Ro­que es em­ple­a­do mu­ni­ci­pal, tra­ba­ja ha­cien­do as­fal­to. Mien­tras per­ma­ne­ce eva­cua­do, ocu­pa su tiem­po ayu­dan­do en los ope­ra­ti­vos a las zo­nas ru­ra­les. Acom­pa­ña a mé­di­cos y per­so­nal de bom­be­ros o del Ejér­ci­to, pa­ra lle­var ali­men­tos y me­di­ci­nas a quie­nes to­da­vía per­ma­ne­cen con agua has­ta la ro­di­lla. “Él es uno de los que más ayu­da”, di­ce “Vi­le” Bian­chi en un mo­men­to en que se aso­ma a la puer­ta y Ro­que son­rí­e.
Al ca­er el sol vuel­ve a la Es­cue­la 620, don­de se re­ú­ne con sus ni­ños y es­po­sa. Esa no­che ce­na­rán una so­pa que hue­le ape­ti­to­sa des­de los pa­si­llos de la es­cue­la. Y em­pie­za a dar vuel­tas por el lu­gar, pro­ba­ble­men­te pen­san­do en có­mo ha­cer pa­ra vol­ver a ofre­cer un te­cho a los su­yos.
Su ca­si­ta, de ma­de­ra, ya tie­ne agua den­tro des­de el 2 de abril y pro­ba­ble­men­te es­té pu­drién­do­se des­de la ba­se. Su he­la­de­ra, “la que com­pré por él -­ di­ce en re­fe­ren­cia a su be­bé -­ pa­ra que ten­ga su le­che y fru­ta, la es­toy pa­gan­do to­da­vía pe­ro ni de­be an­dar más. Lo mis­mo la te­le que mi­ra la ne­na”, la­men­tó.
“Nues­tra ca­sa no tie­ne pi­so, es de are­na. Per­di­mos to­do. To­do”, di­ce de nue­vo.
¿Có­mo se­rá vol­ver a la ca­sa de uno, sin na­da aden­tro, ni pa­re­des, ni puer­tas, ni mue­bles, ni col­cho­nes?. ¿Có­mo se­rá vol­ver a la na­da?

Fuente:diarioepoca.com

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