NACIONALES
31 de marzo de 2026
Dibujando la realidad: por qué la baja de la pobreza del INDEC es una ficción estadística
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reveló que la pobreza en Argentina se ubicó en el 28,2% durante el segundo semestre de 2025. Si bien el oficialismo intenta capitalizar el dato como un logro de gestión, un análisis crítico de la metodología demuestra que la aparente baja responde a un desfasaje en la medición y no a una mejora real en la calidad de vida. Con una canasta básica que ignora el peso actual de los tarifazos y la inclusión de planes sociales que antes no se computaban, el Estado logra ocultar a millones de nuevos pobres bajo la alfombra de la estadística.
La frialdad de los números a veces choca de frente con la temperatura de la calle. El INDEC publicó que la pobreza alcanzó al 28,2% de los argentinos en el segundo semestre de 2025, marcando un descenso respecto al 31,6% de la primera mitad del año. Sin embargo, en un contexto donde el consumo se desploma, los salarios pierden por goleada contra la inflación y la desocupación asoma tras una ola de despidos, cabe hacerse una pregunta elemental: ¿Cómo es posible que haya menos pobres?
La respuesta no se encuentra en las góndolas ni en los recibos de sueldo, sino en los despachos donde se cocina la metodología de las encuestas.
Vivir en el 2026 con anteojos de 2004
El principal truco para que la pobreza "baje" en los papeles radica en la composición de la Canasta Básica Total (CBT), el termómetro que separa a los pobres de los no pobres. El INDEC actual calcula esa canasta basándose en los hábitos de consumo de los años 2004 y 2005.
En aquellas épocas, internet no era un servicio masivo esencial, la telefonía móvil no tenía el peso que tiene hoy en la economía familiar y, fundamentalmente, las tarifas de luz, gas y transporte estaban subsidiadas y no representaban el agujero negro que son hoy en el presupuesto de cualquier hogar.
Al no actualizar la base de la canasta a parámetros de consumo más modernos (como los de 2017/2018), el Gobierno logra dejar fuera del cálculo el impacto real de los feroces aumentos de los servicios públicos. Si la canasta se midiera como corresponde, el piso para no ser pobre treparía de los actuales 1,4 millones de pesos a casi 2 millones. Automáticamente, un 10% de la población que hoy figura como "clase media" en los gráficos pasaría a engrosar las listas de la pobreza.
La paradoja de los planes sociales
El segundo factor que explica la baja, especialmente en el rubro de la indigencia (que marcó un 6,3%), es un cambio de criterio que comenzó a aplicarse a finales de 2024: ahora el INDEC cuenta como "ingresos del hogar" a las transferencias del Estado como la Asignación Universal por Hijo (AUH) o la Tarjeta Alimentar.
Resulta una paradoja mayúscula. El mismo Gobierno que llegó al poder demonizando la asistencia social y prometiendo terminar con el asistencialismo, hoy sostiene y maquilla sus números de pobreza gracias a la misma red de contención que heredó y tanto criticó.
La inflación que no se cuenta
De la misma manera que se esconde la pobreza demorando la actualización de la canasta, el Gobierno de Milei le saca provecho a un índice de inflación que tampoco refleja el verdadero peso de los gastos fijos. Al ponderar más la comida que los servicios —en una época donde los servicios aumentan escandalosamente por encima de los alimentos—, el Ejecutivo ha logrado camuflar más de 11 puntos de inflación acumulada.
En definitiva, no estamos ante un milagro económico ni ante una lluvia de inversiones que generó empleo de calidad. Estamos ante un hábil manejo metodológico que permite que, mientras la gente es cada vez más pobre en la vida real, el Excel del Gobierno dibuje un país próspero que solo existe en las conferencias de prensa.
