12 de enero de 2014

“La soledad tiene mala prensa”

Nunca haría apología de la soledad”, asegura Iván Noble, en uno de esos bares palermitanos donde la ensalada es la vedette de turno, a la hora de hablar de Pistolas al amanecer. En su quinto disco de estudio, de reciente edición, el cantante conforma una banda de sonido sobre todos aquellos estados que quedaron flotando luego de la tragedia amorosa expuesta en La parte de los ángeles, su trabajo anterior. Una placa íntima en la que reconfirma su condición de melancólico crónico. “Es que el desamor y la soledad son lo que más se parece a la muerte. Son ausencias. Y en el disco todo eso está plasmado”, dice el artista, quien en su nuevo material se da el lujo de hacer un dúo con Vicentico y atravesar los prejuicios para interpretar “Me olvidé de vivir”, de Julio Iglesias.

–¿Cuánto pesa la soledad?
 
–Lo mismo que algunas compañías. Estamos educados para pensar que lo ideal y lo esperable, es la compañía. Y en lo posible para toda la vida. Así nos escribieron el diario amoroso sentimental con el que crecimos.
 
–Pero las generaciones actuales ya cambiaron de manual.
 
–Claro. Creo que mi generación es el quiebre de esa concepción. O la que lo pone en duda. Este disco tiene mucho que ver con eso. O sea: “¿Estás seguro de que está tan bueno estar enamorado y que la soledad es un ancla en el medio del corazón?” La soledad tiene mala prensa. Tal vez por la idea del mandato.
 
–¿Y cómo te llevás con esa soledad?
 
–Tiene sus luces y sombras. La soledad es un ejercicio. Depende de la calidad de soledad. Pero me llevo bien. De vez en cuando nos retamos a duelo. Pero hace cinco años es una situación hasta nutritiva.
 
–Es un estado casi necesario para el artista.
 
–Es probable. Vivo solo, pero cuando sos padre, y como dice la canción “Vos sabés” de Los Fabulosos Cadillacs, “no me quedo nunca más solo”. Entonces hay un casillero de la neurosis personal que no me preocupa porque creo que lo que preocupa de la soledad es esa pregunta que se empieza a hacer uno, imagino que a partir de los 40, sobre los fracasos de los vínculos y las mañas. Y eso te puede llevar a terminar como un ermitaño o un misántropo.
 
–¿Qué tan mañoso sos?
 
–Cada vez más. Y mientras esté solo, más aún. Uno se va habituando a ese hábitat tipo Robinson Crusoe y después es difícil compartir ceremonias y te quedás sin margen de maniobra.
 
–En gran parte del disco aparece la palabra tristeza. ¿Algunas canciones se sufren a la hora de componer?
 
–No, pero también creo que éste es un disco que toca temas de los que me gusta hablar como la muerte, la madre de todas las batallas perdidas de antemano. Pero no es un tratado sobre la soledad. No es mi intención ser la banda de sonido para un momento oscuro.
 
–¿Cuál es tu sensación ante la muerte?
 
–Le temo mucho a la agonía. Pero a mi edad, tus viejos, si los tenés vivos, empiezan a envejecer y comenzás a notar las primeras abolladuras. Los tatuajes del tiempo. En este año que se fue, murieron mis dos abuelos que me quedaban y con ellos se me murió la infancia. La muerte deja de ser esa tipa que visita a la gente grande. Desde que soy papá es un horror pensar en la muerte. A veces me encuentro haciendo cuentas con respecto a mi hijo: “Si yo me muero a los 70, mi hijo va a tener…” Cuánto sufrirá, cuánto me va a conocer. Quisiera vivir hasta los 113 para que mi hijo tenga muchos recuerdos míos. Algo súper egocéntrico. Pero además quiero ver en qué clase de tipo se convierte.
 
–En tus letras siempre te ubicás en el rol de perdedor. ¿Cuánto hay de personaje y cuánto de verdad?
 
–Son personajes que me interesan, pero no juego a eso. Soy un tipo al que le va bien por lo que no necesito corporizar los personajes de las canciones. Cuando leo libros o veo películas, me intereso en los perdedores. Los que están teñidos por la desesperanza y tienen un espesor dramático. Me gustan esos tipos que crea Juan Carlos Onetti.
 
–En este disco abrís con “Waterloo”, el nombre que lleva la única batalla perdida por Napoleón. ¿Qué es lo que te atrae de este tipo de personajes?
 
–Que son tipos que se dedicaron a intentar ser los dueños del mundo. Algo que de imaginarlo es terrible. Y Waterloo es el símbolo de la derrota. De lo que duele. Y es que en la cima del amor todos nos creemos invencibles, pero todos vamos a tener nuestro Waterloo. Y a veces algunos llegan en business. Pero desde que te das cuenta que los amores suelen ser ridículos, podés viajar más liviano.
 
–¿Cómo se dio el encuentro con Vicentico? ¿Qué los une?
 
–Siempre me pareció un tipo inteligente e interesante en la forma de plantear su carrera. Nos conocíamos poco de cruzarnos en situaciones extramusicales y un día pegamos onda en diez minutos sin hablar de música. Porque es muy hincha pelotas juntarte con otros músicos y hablar de música. Las charlas siempre terminan cuando recomendás un disco. Me interesan los tipos con los que sentís que tenés territorios en común. Nos encontramos en la puerta del colegio de nuestros hijos, le dije que tenía una letra, al poco tiempo me hizo la devolución y terminamos haciendo este dúo medio Pimpinela en el que los dos pasamos por el femenino. Es un tema nacido de Twitter.
 
–Hace poco, en Twitter tuviste un conflicto por unas declaraciones realizadas sobre la relación entre el Kun Agüero y Karina. ¿Cambiaste tu forma de twittear luego de ese episodio?
 
–Es algo que me condicionó porque el riesgo de Twitter es entender que no es una sobremesa de amigos. Si estás borracho a las tres de la mañana, no des nombres propios. Pero me divierto mucho porque la vida está llena de salames y te vas a cruzar con muchos en el día a día. Twitter te prepara para eso. Te proporciona sparrings gratis. Pero al fin y al cabo es un ejercicio literario interesante. Un pariente lejano del haiku.
 
–Alguna vez, con Los Caballeros de la Quema fuiste cantante de una banda de rock. ¿Cuál es el género que te define hoy?
 
–Hablar de Los Caballeros me aburre profundamente. Ya dije todo lo que tenía para decir. Pero, aunque no reniego, es como si cada vez que presento una nueva novia, me preguntaran por una novia de hace varios años. ¿Volverías? No. Estoy con esta tetona nueva. El género canción es el territorio en el que mejor me muevo. Es mi patria. Puedo presentar credenciales sin pasar vergüenza.    Fuente:veintitres.infonews.com

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