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OPINIÓN

11 de julio de 2024

El amor de la ultraderecha a Scioli y la visita de Milei a la Argentina

Las idas y vueltas del ahora amado Ministro de Turismo, Ambiente y Deportes.

Por José Luis Lanao

Vivimos en un presente tan acelerado que la noticia más importante del año pasó desapercibida. Desde internet una asociación de filántropos dedicados al servicial ejercicio de la ironía invitó a Milei a visitar la Argentina. “Debe ser uno de los pocos países que le queda por conocer, presidente”, reproducía la misiva. En siete meses Milei ha dado cinco vueltas por el mundo, y ninguna por La Matanza. Se entiende. Para que ir a La Matanza si “el futuro de la humanidad está en Marte”, como dijo en el Instituto Milken de California. Uno se pregunta si hace falta hacer tantos kilómetros para ensamblar tan profundo pensamiento. Lo que sorprende no es el viaje de Milei que al final lo paga con la nuestra, con la de todos, con los impuestos que él tanto detesta. Lo inexplicable es que lo estén esperando para escuchar estas sandeces. Algunos invitados al acto reconocieron al final que mejor se hubiera dado una vuelta por La Matanza.

Hay políticos y periodistas de ultraderecha que se permiten, con un aire de grandeza de miras, elogiar a políticos a condición tan solo de que se hayan vuelto al menos tan ultras como ellos, y a ser posible además que renieguen de sus anteriores lealtades con la apropiada vehemencia del recién convertido. Hoy lo aman a Scioli. Con lo que le decían a este muchacho, y como el muchacho se olvidó tan pronto de lo que le decían. El Secretario de Turismo, Ambiente y Deportes hoy ejerce de bombero pirómano, con la estrategia de responsabilizar de la situación a quien la padece y no a quien la provoca. "Estoy seguro, como cuentan algunas anécdotas, usted cuando era arquero, se lo reconocía por el vigor, la intensidad (sic) -condiciones cuanto menos extrañas para un arquero-. Ahora le toca atajar todo lo que le tiran, como al Dibu", le dijo a Javier Milei en un acto en Núñez. Se lo dijo sin relleno, sin grasa, sobándole el lomo.

Ambos coinciden en que la mano dura es la consigna. Lo gracioso es que el que los vota cree que la mano dura solo afectará a los demás, no a él. Hasta que va a un hospital o a una escuela pública, o quiere alquilar un departamento, o se queda sin trabajo y se da cuenta de que ya hay solo dos clases, y tú no estás en la que pensabas, solo porque tengas la tele más grande de la tienda, que pagas a plazos. La ficción de ser clase media, y no un trabajador, proletariado de toda la vida, es la que hace pretender protección de los que son más pobres que tú, cuando en realidad tienes más en común con ellos que con los que te venden la epifanía.

Tal vez en un futuro surjan algunas preguntas incómodas en la médula de lo que somos: "¿Dónde estabas papá cuando se votó la Ley Bases? ¿Cómo no vieron venir a un tipo como éste?". Aun así, es enriquecedor contemplar esa llama leve, exacta, visible, múltiple, nacida de las pequeñas resistencias que achican la tiniebla del infierno que avanza. Esto va de entender, aunque duela. Tal vez tuviera razón aquel mono de un zoo destartalado que nos miraba de frente, desafiante, como diciéndonos con lógico reproche: "Son ustedes son los que tendrían que estar enjaulados".

¿(*) Periodista, ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón mundial 1979.   Fuente: www.pagina12.com.ar

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