PROVINCIALES

4 de agosto de 2019

El capitán correntino del desembarco en Malvinas, la “Hora H” y el sobre número 5

“Nunca olvidaré aquella imagen de la bandera argentina flameando en las islas”, resaltó el hoy contraalmirante retirado José Luciano Acuña. En diálogo con El Litoral recordó su accionar al mando del buque “Cabo San Antonio”, durante la Operación Rosario. “No hubo chicos de la guerra, sino marineros con mayúsculas”, subrayó.

Gustavo Lescano
glescano@ellitoral.com.ar

 La embarcación se mecía constantemente sobre un mar bravo en aquel tenso otoño de 1982 en la Argentina, cuando de repente llegó la orden de los mandos superiores de abrir el quinto sobre lacrado que le habían dado en el inicio de una misión secreta al Sur. “Operación Rosario. Malvinas”, decía en su interior y el destino estaba sellado para el grupo de desembarco que, a bordo del buque “Cabo San Antonio”, había navegado sigilosamente durante cuatro días, desde Puerto Belgrano. Para el entonces capitán de fragata José Luciano Acuña, era el momento de poner en práctica las tareas que ensayaron tres meses antes y nada debía salir mal. No había margen de error. 
Bajo presión llegó la “Hora H”, del “Día D”. La referencia en clave contemplaba el momento exacto, las 6 de la mañana del 2 de abril del ‘82, para que se produjera el desembarco de las tropas argentinas en Malvinas, siguiendo la orden oficial de recuperar las islas después de años de ocupación británica. Una operación que fue dispuesta por la dictadura militar en decadencia, comandada en esos años por Leopoldo Fortunato Galtieri. 
“Nunca olvidé ni olvidaré aquella imagen de la bandera argentina flameando en las islas”, resalta 37 años después el actual contraalmirante retirado Acuña, un correntino que estuvo a cargo del San Antonio durante la madrugada del desembarco en el ‘82. Por estos días, el veterano de guerra que vive en Capital Federal visitó la ciudad de su juventud, y en una charla con El Litoral habló de aquel 2 de abril y de las 18 horas que permaneció en las recuperadas Islas Malvinas. 
Este ex integrante de la Marina nació hace 82 años en la localidad de Saladas y de chico se mudó con su familia a la capital provincial. Estudió en el Colegio Salesiano y luego en el Nacional hasta que en 1953 decidió rendir el examen de ingreso a la Escuela Naval. A partir de allí comenzó otra historia para el correntino. 
 
Vientos de guerra 
A fines de 1981 Acuña estaba destinado a la embajada argentina en Paraguay, pero a principios del ‘82 volvió a Puerto Belgrano para hacerse cargo del buque de desembarco de tanques “Cabo San Antonio”, un nombre simbólico a esa altura de su vida, pues hace referencia al sitio cercano a la desembocadura del Río de la Plata en el Atlántico, metáfora de la identidad que le diera el Paraná y el Mar Argentino. 
“Llegué a principios del ‘82, luego de dos años en que estuve bastante desconectado de la Armada. No sabía en detalle cuál era la situación general. Pero igual había algunos indicadores clave. El San Antonio estaba desde enero de ese año con una tripulación muy adiestrada”, afirma el marino acompañando con un gesto que no dejan resquicios para la duda. 
“Conversaba con mis colegas y ya sabíamos que la situación estaba cada vez más tensa. Algo iba a suceder. Es más, vi que le daban mucha importancia a mi barco, porque cualquier tipo de trabajo que solicitaba a talleres, al otro día venían y me lo resolvían con toda seguridad y destacada celeridad. Lo mismo pasaba con otras necesidades del personal”, rememoró. En ese principio de 1982 “estuvimos haciendo adiestramiento en el Golfo de San José. Practiqué la maniobra principal del buque, que es el desembarco de tropa. Está hecho para desembarcar tanques, infantería de marina”, dice y explica los ejercicios que hicieron durante esos días con la embarcación, tan en detalle lo recuerda que mueve sin parar sus manos sobre una mesa de café que de repente se convierte en una miniplataforma con mapas del desembarco, indescifrables para los que no están en el tema. 
El “Cabo San Antonio” contaba con unos 300 tripulantes en total “y en esos momentos ya tenía unos 30 conscriptos”, acota Acuña. 
Además, su Corrientes natal estaba siempre presente. “En el barco tenía formado un grupo con el que tocábamos folclore. Y éramos tres correntinos: un conscripto, un cabo y yo”, apunta orgulloso. 
 
Mar profundo 
Luego de 15 ó 20 días de intenso adiestramiento, a fines de marzo les dan la misión de navegar hacia el Sur, con mucho sigilo. “Nos convocó el comandante de la flota y nos dieron cinco sobres cerrados, con orden de abrirlos sólo cuando se ordene hacerlo”, señala y menciona: “Embarcamos el batallón de infantería número dos, los vehículos anfibios y otros más comunes que también se utilizaron para la operación. El barco estaba bien cargado, llevábamos alrededor de 400 infantes de marina: el batallón completo. También fue una tropa pequeña del Ejército”. 
Acuña recuerda que la ruta al Sur fue bastante compleja porque de los cuatro días que transitaron, en tres predominaron malas condiciones meteorológicas. La Operación Rosario estaba programada para el 1 de abril, pero el mal tiempo impidió que se concretara en fecha. “Nosotros llegamos el 2 de abril, quizás el desembarco estaba previsto para el día anterior, pero yo me enteré de la operación una vez que estábamos navegando. Fue cuando nos llegó la orden de abrir el sobre número cinco. Y cuando lo hicimos nos encontramos con la leyenda que decía: ‘Operación Rosario. Malvinas’. Ahí recién supe que nos íbamos a las islas para hacer el desembarco”. 

A la hora señalada 
En otro de los sobres lacrados estaba indicado el lugar y modo de desembarco. No era más que ejecutar lo que habían entrenado un par de meses antes. “La Hora H era las 6 de la mañana, cuando ya amanecía, para lo cual teníamos que hacer la navegación por un golfo natural en horas de la noche”, indica Acuña y describe un escenario costero muy tranquilo, prueba de que las tropas inglesas fueron tomadas por sorpresa. 
“Poco antes de desembarcar con el buque, había ingresado un destructor que dio una vuelta en torno al lugar donde íbamos a navegar y me da la contraseña, que era bastante fácil, ¿no?: ‘Luz Verde’. No me podía olvidar nunca”, dice el ex marino entre carcajadas. 
Así, desembarcaron sin inconvenientes, siguiendo los planes trazados. “Todo fue muy profesional. Y el primer grito de abordo que retumbó en la embarcación surgió cuando les comuniqué que las tropas inglesas se habían rendido. Fue un momento eufórico”, recuerda el entonces capitán de fragata. “¿Hubo también algún sapucay?”, preguntó El Litoral y la respuesta fue: “Síii, hubo uno bastante bajito, inevitable, y que me salió de adentro, jaja”. 
“Al otro día -continúa-, no me voy a olvidar nunca, serían las 8 de la mañana más o menos. El gobernador británico había pedido una reunión con el comandante de las fuerzas y después se supo que allí se habían rendido. En esos momentos estaba mirando la costa con los prismáticos, y no me olvido nunca: eran las 8.20 cuando vi flamear la bandera argentina en Malvinas. Fue realmente espectacular”, acentúa emocionado. 

Alta mar 
“A veces se habla de ‘los chicos de la guerra’, pero yo siempre pido que no se repita esa frase. Los que yo tenía a bordo eran marineros hechos y derechos. Eran los más entusiastas, tenías que frenarlos porque se querían ir nadando a la costa. Eran muy buenos marineros, con mayúsculas”, resalta Acuña en medio de la entrevista y luego insiste sobre el final de la misma. 
También cuenta que regresó de Malvinas a Puerto Belgrano y luego le encargarían otras tres misiones más durante el conflicto bélico, llevando tropas a Ushuaia. En medio de esas tareas, también al mando del “Cabo San Antonio”, se enteran del hundimiento del Crucero Belgrano. “Tenía muchos compañeros y gente conocida”, dice lamentándose y sin querer ahondar en la tragedia. También durante esos viajes les informaron de la rendición argentina. 
“Seguí en la fuerza hasta el final de ese año y luego me llegó el pase al Estado Mayor de la Flota de Mar, en Puerto Belgrano”, apunta Acuña, quien finalmente se jubiló casi diez años después de Malvinas. Precisamente, esas islas fueron para el correntino el destino de un desembarco histórico ordenado en el sobre número 5, un momento que el ex marino lo recordó ayer en tierra. En su tierra natal.

Fuente:www.ellitoral.com.ar

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