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EL TIEMPO EN LA CRUZ

OPINIÓN

9 de febrero de 2026

De caudillos, estancieros y el miedo que alimenta al "monstruo"

La política del portón de estancia vuelve a Corrientes. El "cambio" prometido en La Cruz revela su rostro más rancio: el del nepotismo y el control feudal. Fabián de Luca y Ariel da Silva analizan la polémica designación del heredero del Intendente en un cargo provincial y denuncian la pasividad de una sociedad y una clase política que, con su silencio, le tienden la alfombra roja al abuso de poder.

Por: Fabián de Luca y Ariel da Silva   Apenas dos meses han bastado para que el "cambio" prometido en La Cruz revele su verdadera naturaleza, su verdadero rostro. La designación —aún no oficializada, no confirmada, pero de conocimiento a voces— del hijo del Intendente Luis Calomarde al frente de la Delegación Alvear de Vialidad Provincial, no es solo un acto de tráfico de influencias y nepotismo explícito; es una señal de impunidad pornográfica y quirúrgica inédita.   El retorno de la "Ley de la Estancia" Estamos ante un retroceso democrático que nos devuelve a las épocas más oscuras del conservadurismo correntino. Aquella vieja frase (acuñada por algunos simpatizantes del Pacto Autonomista Liberal), "para eso estamos mandando", parece haber sido desempolvada. Bajo esta lógica, el Estado no es un servidor del bien común, sino una extensión del patrimonio familiar.   ¿Volvió “Luis XIV”? ¿Y Peor? Desplazar a un socio político para entronizar al heredero no es solo una falta de ética política y publica; es un mensaje para propios y ajenos: "Aquí manda el apellido, no el mérito ni mucho menos el acuerdo". Es la política del portón de estancia, donde el peón (o el funcionario) debe bajar la cabeza ante el patrón de turno.   El estruendoso silencio de los "cómplices" Lo más alarmante no es la decisión en sí —el caudillo siempre intentará ser caudillo— sino el silencio sepulcral que la rodea. • En el oficialismo: El miedo a la represalia ha amordazado a dirigentes que alguna vez prometieron, no hace demasiado tiempo atrás, no transigir. El silencio de los "socios" desplazados no es respeto, es connivencia y conveniencia, pero fundamentalmente pavor. Un pavor que evidencia que no estamos en una democracia saludable, sino en un régimen de disciplinamiento. • En la oposición: Una pasividad que asusta. Cuando la oposición calla ante un atropello de semejante magnitud, se vuelve cómplice por omisión, legitimando que "todo vale" con tal de no sufrir las consecuencias del poder de turno.   La sociedad como espejo y sustento Debemos ser honestos y crueles con nosotros mismos: estas conductas solo crecen donde el silencio las abona, cuando el silencio las alimenta. Como sociedad, somos quienes legitimamos este “feudalismo moderno” cuando aceptamos que el nepotismo es "normal" o que el miedo es una razón válida para callar.   Cada vez que permitimos que un funcionario confunda el presupuesto público con la billetera familiar, estamos alimentando a un “monstruo” que, tarde o temprano, nos terminará devorando a todos. La impunidad de hoy es la base de la corrupción de mañana.   Un llamado a la reflexión (hacia adentro y hacia afuera)   ¿Hasta cuándo vamos a permitir que Corrientes sea el feudo de unos pocos? La dirigencia política, tanto la que hoy ostenta el poder como la que aspira a él, debe entender que existen o deberían existir límites que no se pueden o no se deberían cruzar. Si a dos meses de gestión el límite es el cielo, ¿qué nos espera para los próximos cuatro años? La democracia no es solo votar cada cuatro años; es el control cotidiano de la cosa pública, del que hacer público. No podemos permitir que el radicalismo o cualquier color político se convierta en una monarquía hereditaria. A esta altura, la pregunta ya no es qué hace el poder, sino qué hacemos nosotros: ¿Vamos a seguir siendo los que sostienen la tranquera de la estancia mientras ellos se reparten el futuro de tus hijos, el futuro de todos o vamos a exigir que la ley sea, finalmente, igual para todos? El silencio frente al atropello es la alfombra roja por la que caminan los que pretenden ser ley por encima de la ley. La impunidad no nace de la fuerza del que manda, sino del silencio del que obedece. En La Cruz, el nepotismo ya no se esconde.   ¿Y vos, te vas a quedar callado?

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