4 de mayo de 2015

“No es una utopía proponernos el perdón y la reconciliación para alcanzar la amistad social”

Andrés Stanovnik resaltó que “la cruz es memoria agradecida, presente que nos desafía y futuro que nos llena de vida y de esperanza”.
También dijo que “hoy estamos llamados a ser discípulos del crucificado y alegres misioneros de la misericordia que mana de la cruz”.

El arzobispo Andrés Stanovnik destacó en su homilía de la festividad de la Cruz del Milagro que “no es una utopía proponernos el perdón y la reconciliación como horizonte para alcanzar la amistad social y la paz”, planteando la necesidad de no dejar un legado angustiante a las próximas generaciones, sino signos de esperanzas. Asimismo hizo hincapié en todo lo que encierra la cruz: “Desde que fue abrazada por Jesús libremente y por amor, se convirtió, de un signo que hasta ese momento representaba lo más aberrante de lo que es capaz la crueldad del ser humano, al signo más admirable y eficaz de vida y de salvación para todos los hombres. Aunque nos desconcierte, debemos admitir que sólo el amor llevado hasta el extremo de dar la vida, es amor que salva. Y la cruz es el símbolo inequívoco de ese amor”, subrayó en su mensaje. En este sentido sostuvo: “La cruz es memoria agradecida, presente que nos desafía y futuro que nos llena de vida y de esperanza”. Tras la masiva procesión de la tarde de ayer se desarrolló la misa presidida por Stanovnik, quien en principio recordó que ayer se conmemoraba también el cierre del Mes de Corrientes al cumplir la ciudad 427 años. “Nos hace bien recordar de dónde venimos y contar nuestra historia. Eso afianza nuestra identidad, nos fortalece como familia, y nos proyecta hacia el futuro. El que aprende a contar su historia, crea lazos de amistad y se siente agradecido de pertenecer a un pueblo. Es bueno decir esto, sobre todo en una cultura cada vez más centrada en el individuo y en la satisfacción de sus propios, y cada vez menos sensible a la persona que tiene al lado”, reflexionó.  En otro párrafo de su mensaje resaltó que “es muy hermoso ver que también los hijos hacen la señal de la cruz sobre sus padres. Son gestos que nos ayudan a conservar viva la memoria, renacer a la vida nueva y fortificar buenos hábitos para la misión. Se trata del mismo signo que fue plantado en los comienzos de la fundación de nuestra ciudad”.   En el camino También habló de la cruz como camino hacia encuentro con Jesús. “Hoy estamos llamados a ser discípulos del crucificado y alegres misioneros de la misericordia que mana de la cruz, como de una fuente viva”, manifestó y agregó: “El buen discípulo se entusiasma con la sabiduría del maestro, incorpora su enseñanza, la hace suya y se esfuerza por aplicarla a la vida. Pero en el discipulado de Jesús, hay algo más y absolutamente nuevo. Ya no se trata solamente de asimilar su enseñanza, sino de establecer un vínculo real con su persona”. Así, “el discípulo se convierte en un alegre misionero de la misericordia”. “En el mundo que nos toca vivir, todos estamos llamados a la conversión y a profundizar nuestro camino de iniciación hacia un mayor encuentro con Jesús y con nuestros hermanos”, afirmó.  En la parte final de su homilía pidió: “Contemplemos el madero de la cruz y dejemos que desde allí nos mire con amor Jesús crucificado y nos transforme por dentro. El es la víctima que superó toda la venganza y el odio de la que es capaz la brutalidad del hombre. Contemplando ese misterio, comprendemos que la salvación del mundo viene desde los victimizados que no recurren a la lógica de devolver mal por mal, sino que creen firmemente en la fuerza del amor, de la misericordia y del perdón”, concluyó.   Fuente:www.ellitoral.com.ar

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