NACIONALES
26 de abril de 2026
Erika Lederer: brazadas de memoria contra los vuelos de la muerte
A sus 49 años, la abogada y nadadora Erika Lederer se prepara para una hazaña que trasciende lo deportivo: cruzar a nado los 42 kilómetros que unen Uruguay y Argentina. Hija de un genocida y recientemente despedida del Estado por el gobierno de Milei, Lederer define su travesía como un "hecho político y poético". Su objetivo es rescatar del olvido el Río de la Plata, cuyas aguas fueron utilizadas por la dictadura para los siniestros vuelos de la muerte, y transformar el dolor en una acción proactiva de resistencia y lucha.
EL CUERPO COMO TERRITORIO DE LUCHA
Erika es hija de Ricardo Lederer, quien fuera segundo jefe en la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Pero ella se define como una "hija desobediente". Donde su padre sembró muerte y partos clandestinos, ella busca poner vida. "Quiero poner vida, brazada tras brazada, en donde los genocidas sembraron horror y desesperación", afirma mientras entrena cinco días a la semana bajo una disciplina organizada para enfrentar entre 14 y 19 horas de nado ininterrumpido.
EL RÍO QUE GUARDA UN SECRETO
El Río de la Plata no es solo un cauce de agua; es una fosa común a cielo abierto que el negacionismo actual intenta ignorar. Para Erika, cada movimiento en el agua es un intento de recuperar a los compañeros del olvido pretendido. Menciona nombres que resuenan en la historia argentina: Azucena Villaflor, el Negrito Avellaneda, Esther Ballestrino de Careaga. Su cruce, previsto para marzo del próximo año, busca que el ruido de sus brazos en el agua se convierta en un mensaje de soberanía y memoria.
RESISTENCIA ANTE EL DESPIDO Y EL NEGACIONISMO
Despedida del Ministerio de Justicia en la ola de recortes del gobierno de Javier Milei, Lederer decidió que su respuesta no sería la derrota. "En lugar de que me vean derrotada, intento invitar a la potencia y la acción", explica. Su lucha judicial por la restitución corre en paralelo a su entrenamiento físico, uniendo la defensa del trabajador con la defensa de los Derechos Humanos. En un contexto de restauración conservadora, Erika Lederer pone el cuerpo para decir que la vida, a pesar de todo, se impone.
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