3 de agosto de 2015

“El hombre no está hecho para vivir ocioso y menos a costa de los demás o del Estado”

El arzobispo recordó que trabajar significa llevar el pan a la casa, remarcando que eso es indispensable para conservar la dignidad.
Alertó sobre los daños que genera en una sociedad que sus habitantes se acostumbren a vivir sin hacer nada o ganar plata haciendo el menor esfuerzo posible.

El arzobispo de Corrientes Andrés Stanovnik presidió en San Cayetano la misa central de la 30º Peregrinación de los Trabajadores y sus familias. Se refirió al significado del trabajo en el proyecto de Dios para los hombres y advirtió las consecuencias negativas de que las personas vivan sin trabajar o que ganen dinero realizando lo menos posible.
En el inicio de su alocución, monseñor destacó “nos hemos congregado aquí para agradecer a Dios en primer lugar por el don del trabajo”. Y en este marco, contó que mientras caminaba, una señora le comentó que hace poco se jubiló por lo que peregrinaba para agradecer. “Qué hermoso es escuchar eso”, señaló Stanovnik, quien argumentó “cuando la persona agradece renuncia a la soberbia, a la prepotencia y reconoce realmente que la vida es un don de Dios”.
En este contexto, rememorando la última frase del evangelio leída durante la misa, Stanovnik indicó que tras la multiplicación de los panes, Jesús le responde a los que le pidieron que siempre les diera de ese pan: “Yo soy el pan de vida, el que viene a mí, jamás tendrá hambre, el que cree en mi jamás tendrá sed”, afirmó y al mismo tiempo agregó “entonces la pregunta  que nos podemos hacer es ¿nos queremos encontrar realmente con él o con las cosas que nos dio? “La clave está en encontrarnos con él”, aseveró monseñor, quien continuó “con él podemos enfrentar las dificultades,  descubrir que la vida es servicio, que la vida es compartir”.

Cesante
Luego, el arzobispo hizo referencia a una experiencia  familiar: “Recuerdo en mi vida de  niño, una de las experiencias más difíciles que recuerdo fue cuando mi padre junto con otros trabajadores de una fábrica textil quedó cesante.  Los tres hijos éramos pequeños y todavía en la escuela primaria. Aunque éramos chicos sentíamos la angustia y la preocupación que vivían nuestros padres”.
“Afortunadamente no pasó mucho tiempo y mi papá consiguió otro trabajo. Pero jamás voy a olvidar la alegría con que nos sorprendió él cuando entró a la casa y dijo que al día siguiente empezaba a trabajar. Se abrazaron con mi madre y  fue una fiesta para toda la familia”, subrayó.  
Tras graficar esta escena consultó ¿cuando hablamos de trabajo, qué queremos decir? Aseveró que es mucho más que una necesidad, “queremos decir llevar el pan a la casa. El hombre y la mujer que no perdieron su dignidad se sienten mal cuando no pueden llevar a su casa el pan que ganaron con su trabajo”.
“Porque el hombre no está hecho para vivir ocioso y menos aún para vivir a costas de los demás o del Estado”, recalcó Stanovnik, que inmediatamente después recordó que San Pablo hace dos mil años ya advirtió a la comunidad de Tesalónica cuál debería ser  la consecuencia para el que no trabaja: “El que no quiera trabajar que tampoco coma”.

Sin esfuerzo
“Ahora sin embargo, nos enteramos de que algunos de ustedes viven ociosamente, no  haciendo nada y entrometiéndose en todo”, señaló e insistió “el que vive  ocioso, se entromete en todo”.
“Mis queridos hermanos el trabajo hace al hombre más hombre y a la mujer más mujer. Sin embargo muchos no lo entienden de esa manera”, expresó el arzobispo que a modo de ejemplo contó una anécdota de una situación que vivió unas tres semanas atrás.
“Resulta que un remisero en otra ciudad, no de acá, de unos 30 años de edad me contaba que un amigo suyo lo iba a hacer entrar a trabajar en una compañía de limpieza para manejar un camión”. Y en ese marco le continuó comentando que: “Para empezar te hacen lavar los camiones pero no bien como cuando  lavas un auto tuyo sino por arriba. Y como mi amigo está en el sindicato me dijo que en un mes voy a tener el cargo y ahí hermano, sos un señor. Te pagan 20 lucas y trabajás tres o cuatro horas. Mientras que el resto del trabajo lo dejas a un contratado. Te dás cuenta, no trabajás nada, casi nada y embolsas más de 10 luchas por mes.”.
“Esta mentalidad es muy dañina, eso se nos metió en  la cabeza. especialmente en estas ultimas décadas y que es creer que lo mejor es hacer plata sin trabajar o trabajando lo menos posible”, aseveró Stanovnik, quien consideró que “esta manera de pensar daña gravemente la dignidad del hombre”.
“Pensar así, además  va en contra del proyecto de Dios y se aleja siempre de la felicidad y plenitud a la que esta llamado el ser humano”, manifestó.
En este mismo sentido, añadió que también es perjudicial acostumbrarse a vivir sin trabajar. Y a quienes sí lo hacen, instó a que lo hagan  de corazón, teniendo en cuenta que lo hacen para Dios no para los hombres. Señalándo que está garantizada la recompensa para quienes obran de buena manera.
Por último, Stanovnik elevó una plegaria “que esta peregrinación despierte en todos nosotros el hambre del Pan de la Palabra y de la Eucaristía, nos conduzca a un encuentro más profundo e íntimo con Jesús, y nos comprometa a cuidarnos más unos a otros y a ser más solidarios y fraternos con todos”.

Fuente:www.ellitoral.com.ar

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