Jueves 27 de Febrero de 2020

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24 de agosto de 2014

“Tengo a la mitad de mi vida desaparecida”

Fue la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Desde su Sauce natal recorrió el mundo con los derechos humanos como bandera. Con 92 años, faltó sólo una vez al juicio oral contra Von Wernich mientras aún esperaba encontrarse con su nieta Ana.

Este extracto se publicó completo en diciembre de 2007. Licha, abuela de la nieta recuperada 115, hablaba bajito y se emocionaba con los recuerdos. Cada tanto le decía al periodista que esto escribió, que le recordaba a un nieto o un sobrino suyo. Y este periodista, a su vez, que aquella mujer le recordaba a su propia abuela, Elena. Alicia murió en 2008 sin poder abrazar a su nieta. La mirada de Licha es de las que duran para siempre.   SEBASTIAN BRAVO  23 de agosto de 2014      En apenas un par de meses pasó de ver la sentencia a cadena perpetua de uno de los responsables por la desaparición de dos de sus hijos, a ser laureada por el Congreso Nacional como una de las mujeres distinguidas del año. Termina el 2007 con afecciones en su salud, aunque con la tranquilidad de que la Justicia la ayuda a caminar hacia los dos hijos que les fueron arrancados durante el último régimen militar. Un año más y otro paso hacia la nieta que permitió que se encontraran tantos otros. Apenas una sola falta tuvo al juicio oral que resultó el 9 de octubre de 2007 -después de tres meses- en la reclusión perpetua del ex capellán de la Bonaerense, Christian Von Wernich. Ni el frío ni la lluvia ni la nevada histórica la detuvieron. “Sentía que tenía que estar” porque “tengo a la mitad de mi vida desaparecida”, decía en aquel entonces y ahora por fin se muestra satisfecha por la resolución del caso del cura que visitaba con frecuencia el centro de detención donde se encontraba parte de su familia. Primero se llevaron a su hijo Roberto José. Pedía, como obrero de la antigua YPF, que no se eleve a ocho la cantidad de horas en un lugar insalubre. Luego volvieron por su yerno Héctor Baratti y también se llevaron a su hija Elena, que tenía un embarazo de cinco meses. Su hija nació en cautiverio en un sótano de la Comisaría Quinta de La Plata, sin atención médica adecuada. A fines de noviembre de ese 2007 fue reconocida como una de las 16 Mujeres Distinguidas del Año por el Parlamento, a través de la comprovinciana legisladora María Carmona. Si bien el máximo premio se lo llevó la rectora de la Universidad Nacional de Córdoba, Alicia conquistó no sólo a la audiencia sino a las mismas mujeres con las que compartió el agasajo. En el acto que organizó el Congreso, la actual titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, la definió como una “exponente sin igual de la mujer correntina, con todo el coraje y la fuerza que demostró en tantos años”.  Estela, la otra Estela, su hija, explicó a El Litoral, por su parte, que “no nacimos en los ‘70”, sino que “somos el fruto de nuestros padres y sembramos nuestra parte en nuestros hijos”. Ella fue quien acompañó a su madre a su primer encuentro en la Plaza de Mayo, donde conoció a Hebe de Bonafini, a pesar de que tuvo que dejarla un poco antes de llegar a destino pues los tiempos eran difíciles.  Eran días en los que aparentaban ser “señoras gordas” que se reunían a intercambiar recetas pero que en realidad tenían que inventar códigos cual miembros de alguna fuerza especial para poder mantener secreta la búsqueda de sus familiares desaparecidos.   Sauce, La Plata, el mundo Alicia Zubasnabar nació el 15 de julio de 1915 en Sauce. Viviendo en el campo, en Cañaditas, junto con su marido Roberto de la Cuadra, tuvo cinco hijos: Estela, Soledad, Luis Eduardo, Roberto José y Elena. En 1959 llegaron a La Plata para brindarles mayores oportunidades a sus hijos. El secuestro de Roberto y Elena durante el último régimen militar los volcó a una búsqueda sin pausas. Fue de las primeras en movilizarse y en su casa se organizaban varias acciones. Tal organización llegó a institucionalizarse en lo que ahora se conoce como Abuelas de Plaza de Mayo, siendo Licha su primera presidenta. En 1984 fallece su esposo Roberto y sin restar esfuerzos a su búsqueda, se convierte luego en presidenta honoraria de la organización que ya ayudó a devolver la identidad a 88 jóvenes que fueran apropiados de manera ilegal en la dictadura. Y es la fuerza que le da cada uno de los nietos recuperados la que mantiene sus ilusiones siempre renovadas. “Son un paso más hacia mi nieta”. Y así la esperanza se mantiene viva, en una historia donde la vida vale tanto como la libertad. Símbolo de lucha y paz Elena dio a luz el 16 de junio de 1977 y a esa beba le dio el nombre de Ana, quien según algunos relatos, fue entregada a una familia. Casi un año antes, el 26 de septiembre, había sido secuestrado el cuarto hijo de Licha, Roberto José. Estas personas, aún desaparecidas, dieron inicio a la búsqueda encarnada por Licha, seguida por otras e imitada por muchas más. Esa búsqueda, con sangre correntina, es hoy el símbolo máximo en la recuperación de la identidad nacional apropiada por el régimen militar. Es también una bandera de paz y, por supuesto, una invitación a no olvidar.   Fuente:www.ellitoral.com.ar

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