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13 de abril de 2014

Fernando Romero: “Volver a Malvinas fue un desahogo y sirvió para aliviar el dolor”

El malvinero y empleado bancario regresó hace unos días tras integrar una comitiva que estuvo una semana en las islas.
Describió sentimientos que despertaron en su recorrida. También el emotivo acto del 2 de abril en el cementerio de Darwin.

Apenas pasaron 24 horas de su regreso a Corrientes y es casi imposible contener la emoción sobre lo que fue su viaje a Malvinas. Todo se puede sintetizar en una frase: la vuelta del ex combatiente a un lugar atesorado. Fernando Romero estuvo otra vez en las islas y allí conmemoró el 2 de abril junto a sus pares veteranos de guerra y empleados bancarios de distintas provincias. Su historia fue contada en exclusiva por El Litoral tras una comunicación telefónica que mantuvo cuando estaba en el hotel isleño. Ahora, de vuelta en la capital correntina, el mercedeño contó detalles del viaje, describió sentimientos que despertaron en su recorrida y mostró fotografías y filmaciones que volvieron a emocionarlo. Dice que fue una bendición haber regresado a ese lugar tan atesorado, sobre todo teniendo en cuenta que en principio no tenía pensado volver. Sin embargo “este viaje fue un desahogo por algo que nos oprime el pecho, una angustia enorme. Y sirvió para eso, para aliviar el dolor”, indicó.   ¿Cómo podés describir lo que sentiste en esta vuelta a Malvinas? Fue una linda experiencia que cada uno la vivió y demostró de distintas formas, con lágrimas o llanto contenido, pero a todos nos unía el sentimiento malvinero. En esta vuelta se cerraron viejas heridas propias, pero la herida por Malvinas sigue abierta. Acá fue fundamental el apoyo de la familia y si se presenta otra oportunidad para volver a las islas, accedería sin dudar porque me hizo muy bien, fue sacarme esa angustia que llevamos adentro, fue un desahogo interior. Esa es la mejor definición. Es una cuestión única que sólo un ex combatiente conoce. Era un desahogo como dije anteriormente. Fue sanar heridas propias y sacarnos dudas sobre esa culpa de haber hecho todo pero perder. Pudimos ver que dejamos todo en esa guerra y la culpa fue la desorganización. Pero Malvinas sigue siendo una herida abierta para nosotros. Y este 2 de abril de 2014 quedará grabado en mí para siempre, porque fue un desahogo por algo que nos oprime el pecho, una angustia que nos llevó al llanto en el cementerio. Este viaje sirvió para eso, para aliviar el dolor.   El 2 de abril ya es una fecha con muchas emociones especiales para el ex combatiente, pero ¿cómo lo viviste estando en suelo malvinense? Desde hace 32 años es una jornada muy especial para los ex combatientes, pero en mi caso y el de los integrantes del grupo que recientemente fuimos a Malvinas, el pasado 2 de abril fue único. Salimos del hotel entre las 9 y 10 de la mañana; éramos en total 26, porque se sumaron veteranos, acompañantes y muchachos de Comodoro Rivadavia que fueron por su cuenta para pasar esa fecha allí. Cerca de las 12 llegamos con bastante frío al cementerio de Darwin, donde realizamos el acto de homenaje. En principio bajamos de los vehículos en silencio, caminamos la zona hasta que nos organizamos para comenzar la ceremonia. Cuando cantamos el Himno Nacional lo hicimos al máximo y nos faltó pulmón ante tanta emoción. Luego se escucharon algunas palabras y finalmente cada uno recorrió el cementerio en su homenaje a los caídos y ese fue el momento más emotivo en que lloramos como chicos. En mi caso recorrí el lugar y me quedé varios minutos a rezar frente a la tumba del cabo Gómez, un ex combatiente correntino que es nombrado en el chamamé “Ganso Verde”, cuando habla de “Los Gómez”. Raúl estuvo con nosotros en Malvinas y falleció a unos 20 metros de mi posición. Fue de esa manera como homenajeamos a los caídos y a todos los ex combatientes. Después del almuerzo regresamos al hotel. Estar el 2 de abril en Malvinas fue una experiencia única en lo personal, una bendición que me haya tocado estar allí.   Y seguramente aquel 2 de abril de 1982 fue muy distinto. Ese día estaba durmiendo en mi casa cuando vino mi vieja y me despertó diciendo “recuperamos las Malvinas, recuperamos las Malvinas”. Yo no entendí mucho al principio pero con el correr de las horas me di cuenta de la posibilidad de ir a la guerra y volver al Regimiento después de la baja que me dieron hacía meses, en diciembre del ‘81. Fueron momentos de incertidumbre hasta que llegó la convocatoria y volví al servicio militar. En ese mismo abril del ‘82 partimos de Mercedes, mi ciudad natal, hacia Entre Ríos y de allí al Sur del país. El 23 de abril volamos en un Hércules a Malvinas y llegamos en un día de mucho frío, con aguanieve cayendo en las islas. El 1 de mayo se registraron los bombardeos y nos movimos en la zona de Darwin y Ganso Verde, que ahora, 32 años después, volvimos a recorrer.   ¿Cómo surgió el viaje a las islas? Todo fue muy rápido. Estaba de vacaciones en una playa y me llamaron desde La Bancaria el domingo 16 de marzo para avisarme de esa posibilidad y les dije que lo pensaría junto a mi familia. En principio yo también tenía la postura de no ingresar a las islas con pasaporte, pero ante esta posibilidad y el incentivo de mi familia, decidí ir. De la playa volvimos a Corrientes y comencé a preparar todo a contrarreloj.   ¿Qué sentías a poco de aterrizar? Estaba ante un paisaje único que se guarda en el interior y que te emociona en lo más íntimo. Tras un cruce del continente a Malvinas de una hora y cuarenta minutos más o menos, llegamos aproximadamente a las 14 del sábado 29 de marzo. Fue emocionante volver a estar en Puerto Argentino ante un clima frío y nublado. El 1 de abril, cuando salimos a recorrer la isla, hubo nieve todo el camino. Y lo primero que hicimos fue ir al cementerio de Darwin. No había un cronograma de actividades armado con anterioridad, sino que se definía en el momento entre los integrantes de la comitiva, en este caso de 21 ex combatientes y bancarios. En Darwin se produjo el momento de mayor emoción al visitar las tumbas (son 237, de las cuales 123 están identificadas con la frase “Soldado argentino sólo conocido por Dios”). Las lágrimas cayeron inevitablemente.   En los siete días que estuvieron allí, ¿cómo fue la estadía? A Darwin fuimos dos veces y una vez a San Carlos, donde desembarcaron lo ingleses, que está a unas tres horas y media del hotel. Entre el miércoles y jueves salimos en distintos grupos a ver lo que fueron las posiciones argentinas, como las que están cerca de Puerto Argentino. En una de esas posiciones cercanas al pueblo se vieron objetos que los agregaron para presentarlos al turismo. Por ejemplo, un par de garrafas que no eran de la época de la guerra. Seguramente las pusieron allí para hacerlas más atractivas a los turistas que llegan con frecuencia, según nos contaban. Es más, en esa semana que estuvimos había arribado un contingente de holandeses.   En el paisaje, ¿qué notaste de distinto y qué está como intacto? La gran diferencia que observé fueron los caminos que se abrieron en la zona para una mejor y más rápida circulación de los que están en la base militar. Después todo está casi igual. Incluso visité el corral de ovejas en el que estuve preso en el final de la guerra. Allí sigue la actividad de los productores agropecuarios. En otra zona, además, nos quedamos recorriendo una calle en bajada en cuyo fondo estaba una escuela de dos plantas, donde dormimos una vez en el ‘82. Actualmente no existe porque un bombardeo durante la guerra produjo un incendio que la destruyó totalmente.   ¿Pero Malvinas sigue igual dentro tuyo? El viaje me sirvió para desahogarme, para curar heridas propias. Pero la causa Malvinas, aclaro, sigue siendo una herida abierta para todos. Ojalá un día sane y sea totalmente argentina, que es lo que queremos y por lo que luchamos en la guerra del ‘82 y también durante la dura posguerra que afrontamos los ex combatientes.   Fuente:www.ellitoral.com.ar

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