OPINIÓN

4 de febrero de 2014

Las cosas claras

Por Jorge Cicuttin:
El golpe especulativo de enero llegó acompañado de apariciones mediáticas de aquellos "conocidos de siempre" que traían la solución al grave problema que se produjo por "la década de populismo kirchnerista": las recetas ortodoxas de un ajuste que termine con los planes sociales y que permita a los que más tienen ganar mucho más y, con el tiempo, aguardar el siempre esperado "derrame".

¿Es casual que el ataque especulativo con el dólar se haya producido al día siguiente del anuncio de Cristina Fernández de Kirchner de la puesta en marcha del Plan Progresar que destina fondos a la ayuda a jóvenes para que terminen sus estudios? Una medida que refuerza el rol del Estado en ayuda de los menos favorecidos y que mereció la respuesta dura del capitalismo más salvaje.

El mensaje de los devaluadores, los especuladores, es claro: el Estado debe retirarse de la economía. Como aquella frase que repiqueteaba en los años de Videla y Martínez de Hoz, "achicar al estado es agrandar la nación".

Fue la Biblia de los años noventa, cuando el menemismo mostró un peronismo vacío de contenido, entregado al liberalismo salvaje y a las relaciones carnales con Washington.

Pero en 2003 la historia pegó un vuelco. Y los que añoran los tiempos de Martínez de Hoz y de Domingo Cavallo no lo perdonan.
Las cosas claras. Este último ataque especulativo apunta contra la revalorización del Estado, contra la recuperación de la política sobre el mercado, contra la protección de la industria, contra la idea de ayudar al otro, de la solidaridad.

Y entre los que no tienen ningún problema en mostrar estos objetivos está el diario La Nación. A veces más crudo y directo que su socio Clarín, el matutino fundado por Bartolomé Mitre resumió en el editorial del sábado último la ideología que se pretende imponer junto a este golpe especulativo.

"De 1950 a 2014, estatismo sin escalas" –es decir, del primer peronismo a la década kirchnerista–, es el título del editorial donde reivindica las ideas de Ayn Rand, formuladas hace más de medio siglo y que, según el diario "adquieren indudable actualidad en la Argentina de hoy".

Ayn Rand es una autora de culto de la derecha, quien escribió en 1957 La rebelión de Atlas, obra en la que reivindica con absoluta crudeza el individualismo extremo. No hay por qué ayudar al débil, cada uno debe ayudarse a sí mismo. Cultora del "egoísmo racional", es fuente de lectura de los ultraliberales, de aquellos que ven en los políticos una fauna que llega para agredir a los virtuosos empresarios. Entre sus numerosos seguidores, en la Argentina cuenta con la Fundación Atlas, una entidad que promueve el "liberalismo para una sociedad libre" y, según su página web, defiende "la economía de mercado y la propiedad privada". Es en realidad una suerte de think tank de la ultraderecha económica que, obviamente, detesta cada una de las medidas que se vienen tomando desde 2003.

Según lo resalta el propio editorial de La Nación, para mostrar un ejemplo del pensamiento de Rand, "en los Estados Unidos, mediante los programas llamados New Deal, lanzados por el presidente Franklin D. Roosevelt entre 1933 y 1938, se aplicaron en gran escala medidas de intervención económica, con el objetivo de sostener a las capas más pobres de la población, reformar los mercados financieros y redinamizar la economía, mediante el aumento del gasto público en obras de infraestructura y varios tipos de subsidios.

"Ayn Rand observó la expansión del Estado en toda la estructura productiva estadounidense, que todo el mundo aplaudía, preguntándose: "¿Y quién pagará todo esto? ¿Se ha encontrado entonces la piedra filosofal? ¿La economía continuará creciendo 'como si tal cosa' en ese contexto? ¿Y qué ocurrirá con las libertades personales si el modelo implica quitar el resultado del trabajo de unos para dárselo a otros?" 

¿Queda claro? La política de Rooselvelt que ayudó a sobrevivir a millones de estadounidenses destruidos por la gran depresión no la vio más que como un "gasto" que otros deberán pagar. Lo mismo se puede decir hoy de la Asignación Universal por Hijo o del Plan Progresar. Una "fiesta populista" que afectará a los que más tienen.

En su obra La rebelión de Atlas se describe a una sociedad dividida entre "saqueadores" y "emprendedores". Para Rand "el objetivo moral del hombre es lograr la felicidad individual. Cada individuo tiene derecho a existir por sí mismo, sin sacrificarse por los demás, pero tampoco sacrificando a otros para sí". Una joyita.

Sigue La Nación, "invocar la solidaridad y el altruismo son formas atractivas para acumular poder, pues crean la ilusión de que es posible alcanzar un mundo más justo y equitativo con normas, decretos, y reparticiones. Una vez lanzado ese proceso, el aprendiz de brujo no puede evitar que todos acudan en tropel para pedir algo del Estado".

¿Queda claro? ¿Por qué resaltar en estos momentos la obra y el pensamiento ultraliberal de alguien como Ayn Rand? Porque ante una situación seria como la que vive hoy la economía del país, la solución que proponen La Nación y sus socios ideológicos es que el Estado se retire, deje de "gastar" en planes sociales y que los individuos se arreglen como puedan. Los "mejores", según las pautas del mercado, sobrevivirán.

Con absoluta crudeza, el diario de los Mitre nos ofrece la puerta de salida a la crisis. Aunque para la mayoría se convierta en la puerta de entrada al infierno.

 

Fuente:www.infonews.com

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