NACIONALES
17 de mayo de 2026
Giro geopolítico: la mayoría de los argentinos prioriza la soberanía nacional y rechaza el alineamiento con Estados Unidos
Una exhaustiva investigación de la fundación alemana Friedrich Ebert Stiftung (FES) desmitifica el relato de la Casa Rosada y expone una profunda desconexión entre la política exterior del gobierno de Javier Milei y el sentir de la sociedad. Mientras el Ejecutivo insiste en un alineamiento incondicional con Washington y entrega recursos estratégicos, el 56% de los argentinos ubica a la soberanía nacional como la máxima prioridad absoluta, muy por encima del comercio exterior general. Además, a contramano del resto de América Latina, que empieza a mirar a China como la potencia del futuro, la opinión pública local posiciona a Alemania como el principal modelo de desarrollo a seguir.
Soberanía vs. Comercio exterior: el divorcio con el relato oficial
El reciente estudio titulado “AMLAT Radar 2026. Navegar la incertidumbre: Miradas latinoamericanas sobre Europa y el mundo” expone con contundencia numérica que el rumbo geopolítico que ensaya la administración de La Libertad Avanza no representa la voluntad de la ciudadanía. El informe, presentado esta semana en Buenos Aires con la participación del sociólogo Juan Gabriel Tokatlian, revela que para el 56% de los consultados en nuestro país la prioridad indiscutible de las relaciones internacionales debe ser la defensa de la soberanía nacional.
Este dato representa una disonancia absoluta con el promedio de los países de América Latina, donde el 40% de los encuestados considera que el norte debe ser el comercio exterior y los vínculos financieros internacionales. Mientras el gobierno argentino subordina sus decisiones estratégicas y jurídicas a las demandas de Washington y el establishment de Silicon Valley, el humor social local se planta en la vereda opuesta, demandando la protección del territorio, los recursos y la autonomía del Estado.
La mirada puesta en Europa y el espejo de Alemania
La investigación de la FES también deja en evidencia que el ideal de sociedad y desarrollo que tiene el pueblo argentino difiere por completo del modelo estadounidense que pregona Milei. Al ser consultados sobre qué nación representa el mejor ejemplo a seguir, los argentinos rompieron la tendencia continental: la mayoría (un 32,2%) eligió a Alemania como el principal modelo de desarrollo económico y social.
A nivel regional, la mirada hacia el futuro está claramente desplazada hacia Oriente: el 36,1% de los latinoamericanos observa a China como el nuevo epicentro y el ejemplo a replicar. En Argentina, en cambio, el gigante asiático se ubica en el segundo lugar de los países que mayor desconfianza generan (con un 26%), reflejando una resistencia cultural e institucional a esquemas de gobernanza centralizados, pero sin que ello signifique volcarse a los brazos de la Casa Blanca.
Al momento de evaluar con qué bloques o regiones se deben fortalecer y profundizar los lazos económicos, existió una coincidencia generalizada en ponderar a Europa como el socio comercial más confiable. Sin embargo, la brecha interna volvió a marcarse en la elección de los países de destino: mientras que la región se inclina mayoritariamente por España (30,8%), los argentinos respaldaron de manera contundente a Alemania con un 33,5% de las preferencias.
Un continente marcado por la incertidumbre
Más allá de las particularidades locales, el estudio advierte que América Latina atraviesa un período de profunda fragmentación y falta de homogeneidad frente a los grandes conflictos globales contemporáneos, como la guerra en Ucrania, la inestabilidad europea y la crisis humanitaria en Gaza. Esta ausencia de un rumbo regional unificado consolida un estado de ánimo colectivo adverso: el 40% de los consultados manifestó una persistente sensación de incertidumbre sobre el futuro a corto y mediano plazo, mientras que un 32% directamente reportó sensaciones negativas ligadas a la desconfianza y la impotencia. En este convulsionado tablero mundial, la sociedad argentina emite un mensaje claro al poder central: el comercio no puede ser la excusa para rifar la autodeterminación.
