PROVINCIALES
10 de abril de 2026
Valdés admite que no hay plata: El "sincericidio" como pantalla del saqueo neocolonial
Detrás de la imagen del Gobernador admitiendo la asfixia financiera de Corrientes, se esconde un reordenamiento jurídico diseñado para legalizar el desvío de recursos desde el bolsillo del trabajador hacia la timba financiera. El "no hay plata" funciona como el eslogan de una restauración conservadora que busca retrotraer al país a una economía de enclave, previa a la conquista de los derechos sociales. Fabián de Luca analiza cómo la Ley Bases, el RIGI y la entrega de recursos estratégicos forman parte de un plan sistemático de desindustrialización y precarización que hoy asfixia a la provincia.
La afirmación es tajante: no es que el dinero haya dejado de existir, es que ha cambiado su destino. Lo que antes motorizaba el mercado interno a través del salario, hoy se licúa en la especulación financiera y en el pago de una deuda externa fraudulenta que condiciona cada decisión soberana. El video del Gobernador admitiendo que Corrientes vive al día es la prueba local de un fenómeno nacional: un industricidio programado.
Este proceso de "re-neocolonización" de Argentina y América del Sur se apoya en un andamiaje legal diseñado para facilitar el saqueo. Desde el DNU 70/23 hasta la reciente entrega de los glaciares, pasando por el RIGI y la reforma laboral, toda la legislación actual conduce a un mismo rumbo: generar condiciones de "enclave" donde el capital financiero transnacional extrae riqueza sin dejar desarrollo a su paso.
Para el ciudadano de a pie, la explicación es simple pero dramática: se está reformateando el país para unos pocos. Es una vuelta al siglo XIX, previa incluso a la irrupción de la Unión Cívica Radical y el sufragio universal, donde el poder reside exclusivamente en la patronal y el capital financiero. En este esquema, Corrientes —con su apoyo explícito al modelo nacional— acepta un papel secundario de proveedor de materia prima barata, sacrificando sus aserraderos, sus escuelas y el sueldo de sus trabajadores en el altar de un socio que solo ofrece deuda y ajuste.
