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OPINIÓN

2 de febrero de 2017

Cuando el Parkinson te sorprende y te cambia la vida

A los 40 años me diagnosticaron mal de Parkinson. En ese entonces vivía en el interior, en La Cruz, Corrientes. Hablando con mi hermano, el popular y conocido “Batata” Pozzi me dijo “venite a vivir a Corrientes”. Tuve la suerte y agradezco a mucha gente que me ayudó, de trasladarme a Capital para comenzar mi tratamiento. Pero, desgraciadamente, a las dos semanas falleció por un ACV. En ese momento me di cuenta que el Parkinson no era tan grave como pensaba. Yo sí tenía una oportunidad de continuar con vida.
Por:María Teresa Pozzi Espasandin (*) Especial para época

Entonces se me vino el mundo abajo, se me desmoronó todo. Gracias a Dios, me encontré con un grupo excelente, Daniel, Roberto, entre otros, que me ayudan a sobrellevar la enfermedad y mi familia que me apoya constantemente para que no decaiga.

Agradezco a las personas de mi trabajo, ya que son muy tolerantes conmigo. Es fundamental rodearte con personas humanas que te ayuden a sobrellevar la enfermedad.

Gracias a Dios me encanta el deporte, siempre lo hice y ahora con más razón. Disfruto mucho jugar al tenis de mesa, empecé con el grupo de la Fundación Vamos Juntos Parkinson en el 2015, juego semanalmente en el Regatas y Albergue deportivo, esto me llevó a jugar torneos a nivel nacional.

Disfruto mucho jugar al tenis de mesa, empecé con el grupo de la Fundación Vamos Juntos Parkinson en el 2015.

Disfruto mucho jugar al tenis de mesa, empecé con el grupo de la Fundación Vamos Juntos Parkinson en el 2015.

Practico baile, yoga, natación, bicicleta, pesca, voy variando la gimnasia para mantenerme siempre activa.

Incorporé la música. Cuando mi cuerpo no responde como debiera, toco un instrumento musical que traje de Salta, el sicu, e interpreto alguna que otra melodía (muy pocas).

Hago kinesiología dos a tres veces a la semana, esto me ayuda muchísimo para estar menos rígida y con menos dolores musculares.

Cuento con la suerte de tener una hermana viviendo en Chajarí, lo que me permite poder disfrutar de las termas, ya que con el CUD, o certificado único de discapacidad, son gratuitas.

Cuando te diagnostican una enfermedad como Parkinson, uno siente que la vida se termina, pero hoy en día puedo decir que a mí, el Parkinson me modificó: tengo días buenos y días malos… como todos. Haciendo una vida tranquila, consultando siempre a tu neurólogo, tomando la medicación, haciendo terapia, kinesiología y gimnasia se puede tener una buena calidad de vida.

Cuando te diagnostican una enfermedad como Parkinson, uno siente que la vida se termina. Pero con una vida tranquila, consultando siempre a tu neurólogo, tomando la medicación, haciendo terapia, kinesiología y gimnasia se puede tener una buena calidad de vida.

Cuando te diagnostican una enfermedad como Parkinson, uno siente que la vida se termina. Pero con una vida tranquila, consultando siempre a tu neurólogo, tomando la medicación, haciendo terapia, kinesiología y gimnasia se puede tener una buena calidad de vida.

 

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