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NACIONALES
17 de agosto de 2026
Jubilados olvidados: "trabajamos o no comemos"
Con haberes que no alcanzan los 500.000 pesos y un bono congelado en 70.000, la gran mayoría de los adultos mayores sobrevive entre deudas con prestamistas, tarifas impagables y la necesidad imperiosa de volver a trabajar a una edad avanzada. Historias en primera persona que retratan el drama social de una crisis sin red de contención.
Aníbal, Ricardo, Graciela y Carlos tienen algo en común: superan los setenta años, cobraron toda la vida la promesa de una vejez digna y hoy deben ingeniárselas para no caer en el abismo. Trabajar como choferes de aplicación, repartir volantes, hacer changas de plomería o juntar monedas con los hijos son las postales cotidianas de un sector golpeado de pleno por la recesión, la pérdida sistemática de poder adquisitivo y el desfinanciamiento de las prestaciones básicas.
En agosto de 2026, la jubilación mínima apenas se sostiene en 489.775,92 pesos sumando un bono extraordinario que quedó congelado. Lejos de representar un alivio, ese monto se esfuma en los primeros días del mes frente a boletas de luz que trepan hasta los 150.000 pesos, garrafas de gas indispensables para quienes no cuentan con red de suministro y medicamentos que ya no distinguen entre la salud y el lujo. Según informes recientes, más de 1.340.000 jubilados debieron endeudarse con prestamistas no bancarios bajo condiciones usurarias, mientras miles de adultos mayores se reinsertaron forzosamente en el mercado laboral informal.
El peso del abandono cotidiano
Las historias se multiplican a lo largo del conurbano y reflejan el colapso de las estructuras de cuidado. Jubilados que manejan durante horas soportando dolores físicos intensos, recortes drásticos en la alimentación diaria reducida a una sola comida fuerte, y prestaciones de PAMI demoradas por meses o directamente suspendidas por falta de pago a prestadores configuran un escenario crítico.
La vulnerabilidad se cruza con la dignidad herida: la incomodidad de depender de la ayuda familiar, la imposibilidad de afrontar tratamientos médicos prolongados y la certeza de que el esfuerzo de toda una vida se diluye en una cadena de angustia colectiva. Lejos de las promesas de reactivación, los mostradores y las calles devuelven la imagen de una vejez empujada al límite, donde la subsistencia diaria se ha transformado, en palabras de los propios protagonistas, en una verdadera condena.
Con información publicada por el diario Página12
Radio Éxito 105.1 | El valor de la palabra