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NACIONALES
18 de agosto de 2026
Histórico desplome del consumo de carne: se derrumbó 12% en julio y el asado se convierte en un lujo
La carne vacuna profundiza una caída histórica en la mesa de los argentinos. Con un consumo que se hunde a 46,3 kilos anuales por habitante, la combinación de salarios licuados y una industria volcada masivamente a la exportación transforma un clásico nacional en un bien inaccesible para las grandes mayorías.
La crisis económica continúa rediseñando los hábitos de consumo y golpeando con dureza el poder adquisitivo de los hogares. A pesar de los discursos oficiales de desaceleración, el consumo de carne vacuna sufrió un desplome histórico y se encuentra en niveles alarmantes. Según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), el abastecimiento del mercado doméstico se contrajo un 12% interanual entre enero y julio, lo que representa 163.400 toneladas menos destinadas a la mesa de los argentinos.
El retroceso se refleja de manera dramática en el promedio por habitante: el promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en 46,3 kilos anuales por persona, marcando una caída interanual del 9,4% y un derrumbe de casi 20 kilos en comparación con los registros de la crisis de 2001.
Más exportaciones, menos carne para el pueblo
La contracción del consumo interno no responde a una menor disponibilidad general por cuestiones climáticas o productivas aisladas, sino a una profunda reorientación del negocio ganadero hacia los mercados internacionales.
Mientras el mercado interno sufre recortes, las exportaciones de carne vacuna alcanzaron las 487.200 toneladas res con hueso entre enero y julio, un 8,8% más que en el mismo período de 2025. Los destinos internacionales absorbieron unas 40.000 toneladas adicionales, impulsando a la industria frigorífica a una facturación récord de US$ 2.167,75 millones (un 45,9% por encima del año anterior). El contraste expone la lógica del modelo: se prioriza la rentabilidad exportadora en detrimento de la seguridad alimentaria local.
Salarios licuados y precios imparables
La principal barrera para el consumo interno es la brutal disparidad entre la evolución de los ingresos y los precios en las carnicerías. Mientras los salarios privados apenas avanzaron un 35,9% interanual hasta mayo, los cortes vacunos acumularon un incremento promedio superior al 52%.
Los aumentos golpean con mayor crudeza en los cortes más consumidos:
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Cuadril: +53,6%
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Carne picada común: +53,5%
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Asado: +52,1%
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Paleta: +51,2%
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Nalga: +49,2%
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Hamburguesas congeladas: +60,7%
En paralelo, el pollo entero avanzó un 22,9% interanual, convirtiéndose en el refugio obligado de los consumidores que ya no pueden acceder a la carne vacuna y deben recortar porciones o modificar por completo su dieta diaria.
Un indicador estructural de la crisis
El derrumbe en el consumo de carne vacuna no es una anécdota estadística, sino la radiografía más fiel del deterioro social. La combinación de salarios pulverizados, pérdida de empleos formales y una economía orientada a la especulación externa deja a amplios sectores de la sociedad sin margen de maniobra. En la Argentina actual, comer un asado dejó de ser un ritual popular para transformarse en un privilegio reservado para unos pocos.
Radio Éxito 105.1 | El valor de la palabra