A los 15 años compitió y salió campeón nacional mientras usaba un par de zapatillas rotas. Ahora, con 17, fue el único correntino que participó de los Juegos Olímpicos de la Juventud. Se midió con los mejores y cumplió, a base de sacrificios personales y pura voluntad, uno de sus más grandes sueños. Con casi nada, humilde y agradecido de su familia, se convirtió en el mejor ejemplo de que nunca hay que bajar los brazos.

Por Noelia Irene Barrios EL LIBERTADOR

Es lunes y son un poco más de las nueve de la mañana. En una casita, casi al fondo de uno de los pasillos del barrio Río Paraná, "Yoni" prepara el batido de proteínas y vitaminas que será su desayuno (a veces, cuando hay, es un yogurt, y a veces una fruta). Rosa, su mamá, conversa con él mientras pone en un táper el atún y los huevos que serán el almuerzo de su hijo. Al rato se despiden: "Chau ma, cuidate", "Te quiero mucho hijo". Va a regresar a la noche como casi todos los días, y ella lo va a estar esperando como siempre.
A Jonatan Martín Leyes se lo conoció hace dos años, porque a los 15 se consagró por segunda vez Campeón Nacional de Levantamiento Olímpico de Pesas. Y lo hizo compitiendo con un par de zapatillas rotas. Rotas por el uso, porque eran las únicas que tenía y porque su mamá, con todo el dolor del mundo, no podía comprarle otras.  Ahora tiene 17, y esa rutina del principio es la misma que repite todos los días. Es una rutina agotadora, pero él no lo contempla, sigue compitiendo, sigue entrenando y mantiene por pura voluntad la disciplina de un deportista profesional de alto rendimiento. Lo hace como puede mientras vive con Rosa y sus dos hermanitos, Juana y Ramiro, en una casita de ladrillos huecos sin revoque, en la que hasta hace poco las paredes eran de madera, y en donde el piso todavía es de tierra. Ocurre que a pesar que muchas personas ya conocen su historia, las cosas, esas cosas, cambiaron poco. El domingo 7, "Yoni" fue el único correntino que participó en los Juegos Olímpicos de la Juventud. Desde hacía semanas en los diarios, portales, radios y canales locales repitieron la noticia del "orgullo provincial". Pero cuando partió a Buenos Aires, nadie más que su familia, sus profesores y sus seres más queridos estuvieron para desearle lo mejor. No hubo conferencia de prensa, ni tampoco una foto oficial para el único representante del Taragüí en una de las competencias deportivas más importantes del mundo. De todas formas, antes de irse dijo que estaba contento. "Logré mi objetivo y quiero dar todo por mi provincia". Lo repitió una y otra vez porque -como había dicho otras tantas veces-, uno de sus más grandes sueños era llegar a los Olímpicos, y hacerlo por Corrientes.  Llevó su ropa de siempre y aunque en la Villa Olímpica le dieron el uniforme del seleccionado nacional, todavía se lamentó porque la malla con la que compitió es vieja. Y más que vieja, no tiene nada que diga que es de Argentina. "Es la que me regaló una entrenadora para los Sudamericanos de Colombia". Esto fue el año pasado, cuando ganó la medalla de bronce para el país. "Estamos muy felices por él, porque vemos su sacrificio", dice Rosa. Ella, por la misma humildad y respeto que le enseña a sus hijos, no aclara que ese "sacrificio" es ver salir a Yoni todas las mañanas y verlo regresar recién por la noche; es verlo comer poco y cosas que por ahí no le gustan, sin quejarse, para mantener el peso de su categoría; es verlo estudiar demás para no descuidar la escuela, porque por los viajes y las competencias tiene que faltar mucho; y sobre todo, es ver que con todos los malabares que ella hace como madre sola, a su hijo todavía no le alcanza. Cuando llueve, el pasillo por el que ellos tienen que salir a la calle se llena de barro. "Yo no tengo botas, me arreglo como puedo, pero él sí, se las compré porque con lluvia o tormenta, entrena igual y no quiere faltar al gimnasio". Lo dice como contando algo que no tiene importancia.  El chico que compitió por Corrientes, la provincia en donde "el deporte es una política de Estado"; el único adolescente correntino que entró esta vez en la categoría de "olímpico", tenía que salir del barro con bolsas en las zapatillas para ir a entrenar, hasta que su mamá le pudo comprar un par de botas. Un lujo para ellos, lo mínimo y necesario para otros. Yoni dice que tiene mucho para agradecer, sobre todo a su mamá y sus hermanos, a sus abuelos, a sus tías y tíos, a sus entrenadores, a su escuela de pesas, a su colegio a sus amigos, a su novia, a toda gente que le escribe, que lo felicita y que le dice que está orgullosa.  Tiene mucho por agradecer y agradece. Lo hace cada vez que puede porque llegar a donde llegó, fue solo gracias a su voluntad y al apoyo de los que lo quieren.  "Cada vez que tiene que viajar, juntamos lo que podemos entre sus abuelos, yo y lo que él guarda de su beca para que no viaje sin nada. Hay veces que no llegamos y él va igual", dice Rosa. Y otra vez no aclara que ese "sin nada" es la plata para sus gastos cada vez que tiene una competencia. Porque la beca que cobra del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, unos 5.500 pesos que le depositan cada dos o tres meses, no le alcanzan. Porque cada vez que tiene que competir, tiene donde dormir, y algo para comer, pero si quiere salir a conocer lugares, despejarse un poco, o traerle algún regalo a su mamá, tampoco le alcanza. Para los Juegos Olímpicos, con toda la responsabilidad que cargó de ser el único correntino en participar, también lidió con eso: no tenía plata para gastar. "En el gimnasio y con mi familia y amigos juntamos algo, yo no pido más y se los agradezco mucho porque sé lo que les cuesta", dice desde Buenos Aires. Y lo dice con la naturalidad de quien ya está acostumbrado a arreglarse con poco. Yoni dice que "está tranquilo", y tiene que estarlo. El domingo cuando subió a competir con los mejores del mundo, a él solo le importaba dar lo mejor por su provincia. Lo hizo sin esperar nada para después, acostumbrado a que después no haya nada más que un "gracias por todo", cuando siquiera se lo agradecen. Lo único que le preocupaba era llegar bien, por su mamá y la gente que lo quiere. La gente que siempre estuvo, la que siempre va a estar. Tiene que estar tranquilo porque ya no se le puede pedir más. Es un chico humilde, de un barrio humilde que llegó a lo más alto con casi nada. Un chico que salió de abajo y que abajo va a volver cuando las luces se apaguen y la competencia termine. Yoni es un ejemplo, es un olímpico, es un campeón para su gente y para esos miles de deportistas que tienen un sueño, que no bajan los brazos y que nunca dejan de pelearla. Él es todos ellos, y con eso sí le alcanza. Tiene que estar tranquilo porque antes de medirse con los mejores, en su tierra, en una casita pobre de un barrio pobre, su mamá está orgullosa. A Rosa nunca le importaron las medallas, ni los trofeos, ni los diplomas. Ella solo piensa en su hijo, en que lo pudo ayudar a cumplir un sueño y en lo que va a hacer cuando él vuelva.  Seguramente, lo de siempre: le va a preguntar cómo le fue, le va a dar un abrazo y un beso y le va a decir lo feliz que está de que haya regresado. Ese domingo, este chico cumplió. Se superó a sí mismo otra vez, batió dos récords nacionales en su categoría. Levantó un total de 215 kilos, cuando la marca argentina estaba en 213. Quedó cuarto, es el cuarto mejor del mundo y le dieron un Diploma Olímpico. Salió contento y escribió: "Son dos récords más para mi provincia y mis seres queridos". Siempre fue un campeón, el de los humildes, el de las zapatillas rotas.
  La bienvenida merecida que hace mucho tiempo debieron darle Rosa Leyes planea recibir a su hijo como el campeón que es. La semana pasada publicó en su muro de Facebook un pedido para quienes puedan acompañarla el viernes a la tarde a la bajada del puente a darle la bienvenida a "Yoni".  "Con tan poco llegó tan lejos así como él demostró y sigue demostrando hasta donde llegó, ojalá que así lo reciban y que no sea como estos cuatros años, yo sola con mi familia y amigos esperando a que él llegué en el aeropuerto o en la terminal. Siempre digo él que deja todo en el podio que da lo mejor, y nadie viene, siempre es lo mismo y tengo fe y creo que esto va a cambiar. Yo cuento la historia de mi hijo como mamá y porque yo vivo el día a día con él…", escribió. Según está previsto, Yoni viene en avión hasta el aeropuerto de Resistencia. Tiene horario de llegada para las 17.35 y de ahí está previsto que media hora después, llegue a Corrientes. "Estoy tratando de ver cómo hacer para conseguir un camión de bomberos que lo lleve hasta el barrio. No es la primera vez que intento conseguir eso y nunca puedo. Una vez por lo menos quiero que se le dé la bienvenida que se merece, por todo el esfuerzo que hace por su provincia", dijo su mamá a EL LIBERTADOR. Los que quieran colaborar con ella y su familia, pueden enviarle mensajes a su cuenta de Facebook: Rosa Raquel Leyes; o llamarla al 3794-771-951 y hablarle directamente para acompañarla y darle las gracias al campeón.   Fuente:www.diarioellibertador.com.ar

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