La decisión de ayer en el Senado deja una clara lectura política de cara a las elecciones. El peronismo priorizó la estrategia de fondo. Apuntó a diferenciarse como opción, a mantener la palabra de ir por la Vicepresidencia 1ª, aunque sufrió la deserción del voto nuevista, y a dejar en claro que a nivel del partido y del recinto no hay compromisos de ninguna naturaleza con el Gobierno. Aunque hubo cabildeos puertas adentro del bloque justicialista, parte de los cuales se dieron en presencia de los senadores oficialistas, quedó en claro la línea directriz de no mostrar ninguna clase de acuerdos previos que, si los hubo, pareció claro que no fueron asumidos por los senadores. El Gobierno quedó en falsa escuadra ante la tesitura del justicialismo. Y aun con la negativa de éste a votar a Dos Santos y la decisión de abstenerse en el resto de las autoridades incluida la Vicepresidencia 2ª, se dio la paradoja de que el peronismo se llevó 3 de los 5 cargos.

A MATAR O MORIR. El PJ apuntó a aquella máxima de que a veces perdiendo se gana como ganando se pierde. En los hechos, el peronismo perdió la votación, pero ganó en credibilidad. Mientras que el radicalismo ganó la votación, pero ese triunfo no se reflejó en la conformación de la mesa. De los cinco cargos, tres se llevó un justicialismo que, aunque se cerró al consenso, tuvo la habilidad de coronar la mayoría de la mesa. En el medio quedó el PaNu, en una posición deslucida. En noviembre pasado, el Senado, a pedido del bloque del PaNu pasó a un cuarto intermedio para la elección de autoridades hasta el día de ayer, en que nuevamente desde el mismo sector político se pidió una nueva postergación para una definición que peronistas y radicales entendieron que, con el PaNu o sin el PaNu presente, debía resolverse sin más dilación. En esa oportunidad, el bloque del PJ se plantó ante el entonces vicepresidente 2º, Rubén Pruyas para que con el apoyo del PaNu y en la conformación del llamado Grupo de los 8, el peronismo se alce con el control del Senado. En medio de prolongadas discusiones que se dieron en pleno recinto, de cara a la gente y con el radicalismo como testigo, finalmente se llegó a la fórmula intermedia acordada entre el PaNu y Pruyas, que si bien asumió un compromiso de no avanzar le costó y mucho ya entonces convencer al resto de sus pares. Finalmente, todo pasó a marzo. El Gobierno consideraba la continuidad del senador David Dos Santos, una decisión estratégica de primerísima importancia, lo cual explica la férrea oposición a darle al justicialismo el segundo término de la línea sucesoria. Importa señalar que había de por medio una cuestión meramente política. El Senador curuzucuateño mantiene una cordial relación con todos sus pares y es respetado por toda la oposición. El oficialismo llegó a la sesión de ayer en el convencimiento, acertado o no, de que controlaría tanto el voto del PaNu después de la publicitada visita de Flinta al domicilio de Raúl Romero Feris, como también el de los senadores peronistas. Desde tiempo atrás se hablaba de la existencia de acuerdos que fueron sistemáticamente desmentidos -nuevamente ayer- por la mayoría de los senadores peronistas que, en línea con una estrategia ya de campaña, prefirió dar claras señales de que era necesario separar la paja del trigo y el agua del aceite, con un mensaje claramente diferenciado de que el justicialismo apunta a ser una opción de cambio y de gobierno de cara a un 2017 que ya se largó. Todo ello más allá de que el oficialismo sigue rengo, sin su fórmula en la cancha y con definiciones de alto voltaje que no llegan y que no se limitan a la nominación de sus candidatos. La posibilidad de que con acuerdo del PJ y la UCR se revaliden las autoridades anteriores cayó por decisión del propio peronismo, que tomó de sorpresa a los negociadores del oficialismo. A media mañana era claro que el justicialismo estaba dispuesto a no negociar. Es más, desde el propio bloque se pidió a Pruyas que, en caso de ser electo por la sola decisión de los radicales, se baje. Las idas y venidas terminaron por desconcertar al radicalismo y dejaron fuera de la jugada al nuevismo, cuyo papel de árbitro cayó frente a la decisión de producir definiciones que cierren un capitulo y se inscriban como parte del derrotero electoral de 2017, como fue en su momento la decisión de no permitir se discuta una posible reforma constitucional. Poco importaba la pelea de espacios en la conducción. Antes de ello, la necesidad de rescatar el discurso y el mensaje a los correntinos y disipar toda idea de acuerdos preexistentes. Hay dudas sobre la elección de Capital, hay dudas sobre el desdoblamiento y la fecha en que podrían darse las elecciones legislativas, aunque sí la convicción de que la votación en Capital se hará el 4 de junio y con boleta de papel. Las usinas oficialistas ratificaron que nunca estuvo en la idea del Gobierno el voto electrónico y que la posibilidad de unir las legislativas a la elección de Capital seguía siendo una posibilidad, aunque no se descarta ni la fecha de julio, ni la de octubre.   Fuente:www.diarioellibertador.com.ar

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